El genial periodista Tomás Friedmann ha detectado un diálogo de esos que marcan épocas. El también periodista Jorge Balmelli le preguntó al diputado Rodrigo Goñi: “¿Los blancos ya se sienten gobierno en 2030?”.
La respuesta sorprendió menos por su contenido partidario que por el diagnóstico implícito:
“No estábamos trabajando para que a un año y medio la gente te diga cada vez más ‘tienen que volver’, pero es una realidad”. Y remató con una frase todavía más reveladora: “Buena parte del Frente Amplio lo tiene como medio asumido”.
Toda oposición aspira a volver al poder.
Lo novedoso no es esa aspiración, sino que la conversación política empiece a girar sobre la sucesión cuando el gobierno todavía transita los primeros años de gestión.
Los gobiernos democráticos suelen disponer de un período de gracia. La ciudadanía concede tiempo para ordenar prioridades, ejecutar reformas y enfrentar dificultades inevitables.
Cuando ese crédito comienza a erosionarse antes de la mitad del mandato, no necesariamente existe una crisis política, pero sí un problema de confianza.
El oficialismo enfrenta hoy un escenario donde los principales indicadores de humor social parecen desacoplarse de las expectativas que acompañaron su llegada al poder. Persisten las preocupaciones por el costo de vida, el empleo y la seguridad, mientras la gestión aún no logra instalar un relato convincente sobre el rumbo del país.
Cuando la sociedad deja de discutir el próximo proyecto del gobierno y comienza a imaginar quién lo reemplazará, el centro de gravedad del debate cambia. La percepción importa tanto como los resultados.
La oposición todavía tiene enormes desafíos por delante. Debe construir una propuesta competitiva y mantener su unidad.
Sin embargo, empieza a beneficiarse de un fenómeno conocido: el desgaste del oficialismo suele preceder al fortalecimiento opositor.
Quizá la conversación entre Balmelli y Goñi no sea una profecía.
Pero sí puede ser una de esas escenas cotidianas que permiten advertir que el clima político está cambiando antes de que las estadísticas lo confirmen.
Pablo Melgar
