Tres listas del Partido Nacional resolvieron no apoyar al nuevo presidente de la Departamental de Lavalleja, Mario García. Por tal motivo, no se sumaron a la lista única.
Se trata de la lista 22, de Francisco “Pancho” De la Peña y Joaquín Hernández; la 59, liderada por Alexandra Inzaurralde; y la 79, de Víctor Herzberg.
A esto se suma que otras agrupaciones, como la de Verónica Machado, aceptaron integrarse a la lista encabezada por García, en el marco de un apoyo crítico a la nueva dirección partidaria.
Del otro lado, junto a García, se encuentran la diputada Adriana Peña y la excandidata a la Intendencia, Carol Aviaga. Además, hay otras agrupaciones de menor presencia electoral.
Cualquier observador sabe que se trata de una alianza circunstancial, armada para salir del paso con la menor cantidad posible de heridos.
La Comisión Departamental Nacionalista que se acaba de elegir es pionera en varios sentidos. Es la primera tras 35 años de gobiernos blancos y pocos de sus integrantes llegaron a ver al organismo partidario funcionando como oposición.
Además, es la primera vez que será presidida por un exintendente que no logró ser reelecto. Eso también es nuevo. Nunca se había dado esa situación.
Años atrás, el profesor Carlos Cáceres enseñaba, con ese profundo conocimiento de la política minuana, que “la política es el arte de darse vuelta”. Tenía mucha razón.
Hay que ver que, en la última elección departamental, unos 8.000 blancos de Lavalleja se volcaron al Frente Amplio. ¿Cómo fue que un gobierno blanco parió 8.000 frentistas? ¿Quién es el responsable de esta progresión geométrica que llenó de izquierdistas las tierras de Lavalleja?
Con mucho esfuerzo se formó la lista única para la Departamental, en el marco de negociaciones intensas y complejas. Finalmente, se alcanzó un acuerdo.
Renovación, renovación. Todo el mundo quería renovación.
Bien, ganó el que estaba.
Aún nadie sabe cómo harán los blancos para ganarle al Frente Amplio ni cómo organizarán la tropa para los tiempos que vienen.
Tampoco se sabe con qué cara van a mirar a los 300 trabajadores eventuales que echó Daniel Ximénez, mientras algunos, jugando al estratega, perdieron la elección departamental.
De todos modos, difícilmente veamos a Aviaga y Peña apoyando a García en una nueva elección departamental. Justo después del previsible segundo triunfo de Luis Lacalle Pou.
Seguramente, ya nos enteraremos por alguna paloma mensajera. El señor García podrá explicar la fenomenal derrota del mismo modo que sabrá qué hacer para revertirla.
¿En qué estará pensando el exintendente? Nadie lo sabe. Aún no ha dado explicaciones sobre su derrota. Ya lleva un año en silencio.
¿Cuál será el rol de García de aquí en adelante? ¿Será el vocero de un partido del que tiene una representación parcial? ¿Se ocupará de negociar con el intendente en nombre de los blancos?
Por otro lado, es probable que sea quien represente a los blancos en caso de una coalición departamental con el Partido Colorado. ¿Cómo están sus vínculos con los colorados?
El tan anhelado objetivo de la unidad partidaria no se alcanzó, tampoco se obtuvo la renovación. ¿Qué se alcanzó? Un cargo y un sentido para García. Nada más que eso.
En este escenario, la responsabilidad de desalojar al Frente Amplio del sillón de Batlle y Rodó recaerá sobre las fuerzas que más se identifiquen con la gente de Lavalleja y con la solución de sus problemas.
Ese trabajo, que cuenta con mucha ayuda del gobierno departamental, recaerá en manos distintas a las de García. Una desafiante bien podría ser la diputada Adriana Peña.
No obstante, hay que tener en cuenta que las renovaciones partidarias ocurren a pesar de los caudillos. Por tanto, habrá lucha, porque existe un desafío para los líderes emergentes.
El gobierno de Lavalleja está siendo pródigo en materia de inspiración para los cuadros opositores. Es hora de trabajar.
Pablo Melgar
