Hay escenas parlamentarias que producen más ruido del que merecen. El anuncio de que Cabildo Abierto votará la Rendición de Cuentas junto con el Frente Amplio desató una pequeña tormenta de comentarios.
Enseguida aparecieron las frases de siempre: “los extremos se juntan”, “ya no hay diferencias”, “todo es lo mismo”. Son expresiones cómodas, útiles para la sobremesa, pero poco eficaces para entender la política.
Cabildo Abierto hace tiempo que ocupa ese lugar incómodo de partido capaz de inclinar una votación decisiva. No es una novedad; es la consecuencia natural de un Parlamento fragmentado.
Los partidos pequeños suelen adquirir una importancia desproporcionada cuando el oficialismo no dispone de mayorías suficientes. Esa es una de las reglas menos comprendidas de la democracia representativa: a veces un puñado de votos vale más que un centenar de discursos.
Por eso el dato verdaderamente relevante no es que Cabildo vote con el Frente Amplio. Lo importante es que el Frente Amplio quedará en deuda política con Cabildo. Y las deudas políticas rara vez se cancelan con agradecimientos; se pagan con acuerdos, concesiones o futuras coincidencias.
¿Cómo se cobrará ese favor? No lo sabemos todavía.
Pero sería ingenuo creer que un respaldo de este tamaño no tendrá alguna forma de retorno. Ambos partidos se necesitan más de lo que admiten y ambos poseen la legitimidad democrática para negociar.
Sin embargo, todo eso pertenece a la mecánica habitual del Parlamento. Lo que sí merece atención es el contenido de una de esas concesiones: la campaña nacional contra el consumo de drogas que surgió del entendimiento entre ambos partidos.
Ese acuerdo tiene un valor que trasciende a quienes lo firmaron.
Durante demasiado tiempo resultó casi imposible impulsar un mensaje claro de prevención sin quedar atrapado en una falsa dicotomía entre represión y permisividad. Como si advertir sobre los riesgos del consumo equivaliera automáticamente a desconocer las complejidades sociales del fenómeno.
Esa confusión terminó beneficiando a la inacción.
Uruguay puede tener policías valientes, fiscales comprometidos y jueces que enfrenten al narcotráfico con determinación. Pero si el Estado no es capaz de hablarles a quienes todavía no consumen, seguirá llegando tarde.
La prevención no reemplaza a la seguridad; la completa. Cada joven que decide no empezar representa una victoria que ninguna estadística de incautaciones puede medir del todo.
Por eso conviene apartar por un momento el espectáculo de las alianzas circunstanciales y mirar el resultado concreto. Cabildo Abierto consiguió imponer un tema que el Frente Amplio aceptó incorporar. Esa es, precisamente, la función más útil que puede cumplir un partido minoritario: convertir una negociación parlamentaria en una política pública.
Tal vez dentro de unos meses nadie recuerde quién votó con quién la Rendición de Cuentas. Pero si esa negociación deriva en una campaña seria, sostenida y basada en evidencia contra el consumo de drogas, entonces el episodio habrá dejado algo más importante que una mayoría circunstancial: habrá dejado un mensaje para la sociedad.
Y, a veces, un mensaje oportuno vale más que un triunfo parlamentario.
Pablo Melgar
