Por Pablo Melgar
Ruben Rada fue protagonista de la música uruguaya y rioplatense durante más de siete décadas. Murió este miércoles, a los 83 años, dejando detrás una trayectoria difícil de resumir y, sobre todo, una estela de cosas buenas.
Tal vez esa sea una de las mejores maneras de recordar a un hombre, cualquiera sea su oficio: por aquello que dejó en los demás.
Y pensar en Rada es, inevitablemente, pensar desde una sonrisa.
MÚSICA PROFUNDAMENTE URUGUAYA
Su vida artística estuvo marcada por una capacidad extraordinaria para mejorar la vida de quienes lo escucharon y lo vieron sobre un escenario. Esa puede ser, quizás, una de las funciones mayores de un artista popular: hacer que la gente se sienta mejor, crear un momento de felicidad y convertir una experiencia colectiva en un recuerdo.
Desde el punto de vista musical, Rada fue mucho más que un intérprete.
Fue uno de los grandes responsables de establecer un diálogo entre el pop y el rock y los ritmos de raíz africana desarrollados en el Río de la Plata. El candombe ocupó un lugar central en esa búsqueda y Rada consiguió llevarlo a nuevos territorios, incorporándolo a una concepción musical moderna, abierta y profundamente uruguaya.
Esa combinación contribuyó a construir una identidad cultural que trascendió generaciones. Rada fue, en ese sentido, una figura emblemática de la cultura nacional y estuvo presente en innumerables acontecimientos y escenarios importantes del Uruguay.
CAPACIDAD PARA GENERAR ALEGRÍA
Pero había otra dimensión de Rada que también explica su enorme popularidad: su condición de showman.
Tenía una capacidad singular para generar alegría. No se trataba simplemente de hacer reír, sino de producir momentos agradables para quienes estaban frente a él. En tiempos en que no siempre abundan la calidez ni la cercanía en los escenarios, Rada hizo de la alegría una tarea artística.
Fue músico, cantante, compositor, percusionista y también un extraordinario comunicador. Un artista capaz de establecer una relación directa con el público y de convertir un espectáculo en una celebración.
Su influencia excedió ampliamente a la música. Si muchas de las tradiciones culturales uruguayas, tanto urbanas como rurales, hubieran contado con procesos de desarrollo y difusión semejantes a los que Rada impulsó para el candombe y la música popular, probablemente el Uruguay tendría hoy otra dimensión cultural.
También existió, a lo largo de su trayectoria, un vínculo con la política y con algunos liderazgos políticos, particularmente con José Mujica. Es una relación siempre compleja, porque el encuentro entre arte y política puede producir discusiones y lecturas diversas. Pero en el caso de Rada hay algo que parece evidente: su reconocimiento no nació de la política.
Rada creció antes y por encima de cualquier respaldo político. Su prestigio fue construido fundamentalmente desde el talento, el trabajo y una extraordinaria capacidad artística. Incluso su nombre apareció alguna vez asociado a propuestas electorales, en una singularidad que llegó hasta la propia Corte Electoral, que aceptó su nombre artístico en las listas. Pero la política podía acompañar su trayectoria: nunca fue la razón de su existencia artística.
POR TODO EL PAÍS
Su relación con Uruguay fue, además, profundamente territorial. Rada recorrió el país y llegó también a los escenarios de Minas, donde se presentó en diferentes oportunidades, entre ellas en la Semana de Lavalleja, el Festival “Minas y Abril” y otros acontecimientos de importancia para el departamento.
Por eso su muerte también se siente lejos de Montevideo. En cada lugar donde estuvo quedó alguna canción, alguna anécdota, alguna imagen de aquel hombre que parecía tener como misión hacer un poco más amable la vida de los demás.
SU DIMENSIÓN
El velatorio de Rubén Rada se realizará desde la tarde de este jueves en el Salón de los Pasos Perdidos del Palacio Legislativo, un escenario acorde con la dimensión pública de una figura que pertenece ya, definitivamente, a la cultura uruguaya.
Con los años, probablemente el país termine de comprender la dimensión de lo que fue Rada. Los países pequeños suelen descubrir tarde a sus grandes artistas. A veces los tienen durante décadas, los escuchan, los aplauden, los convierten en parte de la vida cotidiana y recién después de su muerte comienzan a medir su verdadera estatura.
Rada fue uno de esos virtuosos.
NO ES POCA COSA
Y quizás la mejor forma de despedirlo sea justamente aquella que él mismo cultivó durante toda su vida: sin tristeza excesiva, con gratitud y con una sonrisa.
Porque Rubén Rada dejó música, dejó candombe, dejó cultura y dejó alegría.
Y no es poca cosa.
