Hablar de Ruben Rada es hablar de música, pero también de una parte importante de la cultura uruguaya. Y, especialmente, de la presencia afro en esa cultura.
Rada fue cantante, compositor y percusionista, pero también una figura que ayudó a que el candombe ocupara un lugar central en la música y en la identidad del Uruguay.
Nació en Montevideo el 16 de julio de 1943 y creció cerca del candombe. Los tambores, el barrio y la cultura afro formaron parte de su vida desde temprano.
Para Rada, el candombe era una música viva, capaz de transformarse y encontrarse con otros sonidos.
Su trayectoria comenzó en “Los Hot Blowers”, una banda de jazz por la que también pasaron Hugo y Osvaldo Fattoruso y Federico García Vigil.
Después llegó “El Kinto Conjunto”, junto a Eduardo Mateo. Allí comenzó una de las experiencias más importantes de la música uruguaya: la mezcla del candombe con el rock, la música brasileña y otros sonidos de la época.
“El Kinto” fue pionero. Incorporó instrumentos eléctricos, batería y tumbadoras y construyó una forma diferente de tocar una música con profundas raíces afro-uruguayas.
Rada siguió luego con “Tótem”, entre 1971 y 1973, otra banda fundamental para entender esa mezcla entre candombe, rock y música latina.
Más adelante, durante su etapa en Estados Unidos, se reencontró con los hermanos Fattoruso y participó en “Opa”. El proyecto llevó aquella búsqueda hacia el jazz-rock y “Magic Time” quedó como uno de los trabajos más recordados de esa etapa.
A todo eso se sumó una extensa carrera solista, iniciada en 1969 con “Las Manzanas”. Durante más de cuatro décadas Rada recorrió el candombe-jazz, el funk, el soul, el rock, la murga, el tango y la milonga.
También hizo música para niños, trabajó en televisión y teatro y se convirtió en un artista de varias generaciones.
Pero su importancia no está solamente en los discos o las bandas de las que formó parte.
Hay otra dimensión especialmente importante: la forma en que hizo visible la cultura afro en un país que durante mucho tiempo tendió a pensarse como blanco y europeo.
Ruben Rada no fue un dirigente político ni un militante partidario de la causa afrodescendiente.
Su forma de intervenir fue a través de la cultura. Ocupó escenarios y televisión siendo un artista negro, creador y protagonista de su propia obra. Fue compositor, cantante, percusionista, actor y conductor.
En cada uno de esos lugares había también un mensaje.
La cultura afro no pertenecía únicamente al pasado, al carnaval o a determinados barrios. Era parte del presente del Uruguay y podía dialogar con cualquier otra música.
Su humor y su manera de comunicarse también fueron importantes.
Rada podía hablar de identidad, barrio y pertenencia sin convertirlo en un discurso solemne. Podía hacerlo cantando, haciendo reír o llevando un tambor a un escenario donde ese sonido no siempre había tenido un lugar.
La televisión amplió todavía más esa llegada. Desde los años sesenta integró el elenco de “Telecataplúm” y posteriormente desarrolló espectáculos y discos para niños.
En 2011 recibió el Grammy Latino a la Excelencia Musical. El reconocimiento llegó después de décadas de trabajo y de una influencia que atravesó generaciones de músicos.
Rada murió el 26 de agosto de 2026, a los 83 años.
Quedan “El Kinto”, “Tótem”, “Opa” y una extensa obra solista. Quedan sus canciones, sus tambores y su humor.
Pero queda también algo que va más allá de la música.
Rada ayudó a que la cultura afro ocupara un lugar visible en la identidad uruguaya. Tomó una raíz que venía de muy atrás y la llevó hacia adelante, sin miedo a mezclarla con nuevos sonidos.
Ese quizás sea uno de sus mayores legados: demostrar que defender una raíz no significa dejarla quieta. También puede significar hacerla crecer y llevarla a otros lugares.
Por eso, cuando se habla de Ruben Rada, no se habla solamente de uno de los grandes músicos uruguayos.
Se habla también de un artista que, desde la música y desde su propia presencia, ayudó a que el Uruguay escuchara con más claridad una parte de sí mismo.
Kevin Martínez
