«El intendente se le quejó a ADEOM porque vos te enterabas de todo lo que hablaban, que así no seguían hablando».
La frase parece salida de una comedia política. Pero no. Es real. Y desnuda, con una precisión casi quirúrgica, el problema.
En la Intendencia de Lavalleja hay dirigentes que parecen creer que los vínculos laborales dependen de lo que publique un diario. No de una política de recursos humanos o de una estrategia de gestión. De lo que diga SERRANO. Así de triste.
Por estos días, el intendente Daniel Ximénez, desde algún lugar paradisíaco del mundo, administra una Intendencia que parece haber descubierto una nueva forma de comunicación institucional: esconderse, evitar preguntas incómodas y después enojarse cuando alguien consigue las respuestas por otra vía.
Hace tres días, ADEOM negaba formalmente haber hablado con SERRANO.
Hoy sabemos por qué. No hacía falta ser Sherlock Holmes.
Cuando una organización sindical siente que hablar con un medio puede traerle problemas, hay algo que está funcionando mal. Muy mal. Porque el problema ya no es solamente la relación entre un sindicato y un gobierno departamental.
El problema es el miedo. Y el miedo es una herramienta conocida por quienes ejercen el poder.
Primero intentan desacreditar al periodista. Después cuestionan al medio. Luego atacan las fuentes. Finalmente pretenden instalar la idea de que todo lo publicado es una conspiración. Es de manual.
Lo hicieron antes otros. Lo harán después otros. Cambian los nombres, cambian los colores políticos, cambian los despachos. El mecanismo es siempre parecido: si no pueden controlar la información, intentan desacreditar a quien la consigue.
Hay algo que algunos todavía no entienden.
Un periodista no se entera de las cosas porque alguien le cuenta un secreto al oído y decide publicarlo.
La información se trabaja.
Se busca una fuente. Después otra. Se contrasta. Se pregunta. Se vuelve a preguntar. Se verifica. Se compara lo que dice uno con lo que dice otro. Se intentaencontrar documentos. Se buscan contradicciones. Y recién entonces se publica.
Nunca es una sola fuente.
Y mucho menos se trata de creerle a alguien porque sí. Las fuentes también tienen intereses. También pueden equivocarse. También pueden mentir.
Por eso existe el chequeo. Para eso existe el periodismo. Por eso molesta.
Es curioso observar cómo quienes se presentan como grandes conocedores de la política creen que todo se resuelve a los gritos. Que alcanza con levantar la voz, llamar a alguien, presionar un poco y asunto terminado.
No entendieron nada. Los gritos pueden hacer callar una conversación.
No pueden hacer desaparecer una información.
Tampoco pueden hacer desaparecer los hechos. Y los hechos tienen una mala costumbre: persisten.
Esta administración debería preocuparse menos por quién habla con SERRANO y bastante más por aquello que se está diciendo.
Debería preocuparse menos por las fuentes y más por las razones que hacen que esas fuentes quieran hablar.
Deberia preocuparse menos por el diario y más por gestionar.
Porque un gobierno no puede pretender gobernar una sociedad democrática como si gobernara una habitación cerrada.
Lavalleja tiene derecho a saber.
Y nosotros tenemos la obligación de preguntar.
Vamos a seguir fijando posición sobre los asuntos que consideremos importantes para el departamento. Vamos a seguir investigando. Vamos a seguir che-queando. Vamos a seguir publicando.
No porque nos guste incomodar.
Sino porque ese es exactamente el trabajo del periodismo.
Y si les duele, tendrán que aprender a convivir con el dolor.
Porque cuando al poder le duele el periodismo, generalmente no es porque el periodismo esté haciendo algo mal.
Es porque está haciendo su trabajo.
Pablo Melgar
