El acto de Juramento de Fidelidad a la primer Constitución de nuestra República se desarrolló en todos los pueblos orientales el 18 de julio de 1830.
Así como en Montevideo las principales autoridades nacionales, jefes militares y el pueblo en general, manifestaron acatamiento y respeto al documento, Carta Madre de la incipiente nación independiente, en las Villas del interior se vivieron actos similares, en los que alegría, fervor patriótico y compromiso cívico fueron la característica.
SAN FELIPE Y SANTIAGO FUE UNA FIESTA
A las diez de la mañana, en San Felipe y Santiago de Montevideo, capital de la República Oriental del Uruguay, comenzó la ceremonia relativa a la jura. El Tedeum oficiado en la Iglesia Matriz, a cargo del sacerdote don José Benito Lamas, con asistencia de los constituyentes, miembros del Poder Ejecutivo, altos funcionarios civiles y militares y numerosa concurrencia, fue el acto público inicial en homenaje a la Constitución.
Terminada la ceremonia religiosa se congregaron en la sala de sesiones del Cabildo el presidente de la Asamblea Silvestre Blanco y los Diputados. Después de haberse leído la Constitución, el vicepresidente Alejandro Chucarro le tomó el juramente de ella al presidente Silvestre Blanco y luego Blanco lo recibió individualmente de todos los Diputados asistentes.
Estaba presente en sala el Gobernador Provisorio Gral. Juan Antonio Lavalleja y sus ministros y también Silvestre Blanco tomó el juramento al héroe minuano, al igual que a sus acompañantes.
Una vez concluida esta instancia, en el mismo local de la Asamblea, el gobernador Lavalleja tomó el juramento al cura vicario, a los miembros y jefes de los Tribunales y otros altos funcionarios.
“¿JURÁIS POR DIOS…?”
La fórmula adoptada para interrogar el juramento fue la siguiente:
“¿Juráis a Dios y prometéis a la Patria, cumplir y hacer cumplir cuanto de vosotros dependa la Constitución del Estado Oriental del Uruguay sancionada en diez de setiembre de mil ochocientos veintinueve por los representantes de la Nación?”. A lo que se contestó: “Sí juramos”.
“¿Juráis sostener y defender la forma de Gobierno Representativa, Republicana que establece la Constitución?”.
“¿Juráis respetar, obedecer y defender las autoridades que fueren nombradas a virtud de lo sancionado en la misma?”.
“¿Juráis obedecer y cumplir las leyes, decretos y resoluciones que diere el Cuerpo Legislativo de la nación?”.
A todo se respondió con convicción: “Si juramos”.
Fue entonces que Lavalleja continuó expresando: “Si así lo hiciereis Dios os ayudará, y si no, él y la Patria os lo demandarán”.
Después de cumplidas estas trascendentales formalidades en la sala legislativa la comitiva salió al exterior y en la Plaza Matriz prestaron juramento las fuerzas militares y el numeroso vecindario allí reunido.
El acto fue presidido por Lavalleja desde los balcones del edificio del Cabildo y tenía a su lado a la abnegada esposa Ana Monterroso, quien en ese momento amamantaba una de sus hijas.
Todo culminó con vivas y alegría colectiva por el final de una etapa de anhelo libertario y el inicio de otra señalada por la institucionalidad.
CONCEPCIÓN DE LAS MINAS: BENEMÉRITO VECINDARIO
También las sierras circundantes a la Villa de Nuestra Señora de la Concepción de las Minas fueron testigos de una magnífica jornada en la cual sus habitantes exteriorizaron voluntad y compromiso para ser pilotos de sus destinos como nación y como sociedad organizada.
El Acta labrada por la circunstancia no escatima en detalles acerca de lo vivido y además es elocuente testimonio del entusiasmo y fervor que animó a los minuanos en la jornada.
Extraemos del mencionado documento: “En esta Villa de Minas en diez y ocho de julio de la era Christiana mil ochocientos treinta. Habiéndose anunciado en el día de ayer diez y siete la majestad de este, con repique de campanas, música, iluminación general que duró por tres noches, salva de fusil y fuegos de artificio, con lo que entusiasmado el Pueblo hacía sonar por las calles y Plaza alegres victores a la Convención Preliminar, Constitución, auto de aprobación y Honorable Asamblea…”.
Luego el Acta consigna que “a la hora de las diez y media de la mañana concurrió el Juez de Paz asociado del Teniente Jefe de Policía Manuel Cosio, Tenientes Alcaldes del Pueblo y jurisdicción y los más respetables vecinos de esta Villa, a la Iglesia Parroquial, donde el Cura Vicario celebró una Misa Solemne con toda la pompa sagrada que demandaba la festividad particular de este día y asistido del clero de su jurisdicción, la cual concluida se leyó por el notario público la Convención Preliminar, el Código Constitucional, auto de su aprobación y manifiesto de la Honorable Asamblea de los pueblos del Estado, y fenecida su lectura el Juez prestó el juramento prevenido ante el cura Vicario, seguidamente lo hizo la autoridad policial…”.
Terminada la función en la Iglesia el Juez de Paz y demás concurrentes se trasladaron a la Plaza del Recreo (hoy Plaza Libertad) donde se destacaba un tablado decorado con arcos triunfales y rodeado por el vecindario reunido.
Allí se tomó el juramento “entre aclamaciones y júbilos, fuego de fusil y artificios y repique de campana, entonándose con alegría general tres victores a la Constitución, República y Honorable Asamblea”.
En el final del Acta se expresa un elocuente comentario evaluatorio: “El Juez de Paz que suscribe al cerrar esta acta no puede menos que recomendar a este benemérito vecindario por las virtudes que ha desplegado en este acto tan solemne como majestuoso”.
Lo firman Manuel Zeballos Juez de Paz, Juan José Ximénez cura Vicario, Pedro Pérez Herrera Secretario.
El templo, la plaza y las calles de la Villa fueron el escenario. Y los corazones de todos y cada uno de los protagonistas, acunaron el sueño que en ese momento se consolidaba.
Oribe Pereira Parada
