La escena ocurrió ante miles de minuanos y visitantes y fue lo suficientemente elocuente como para alimentar comparaciones inevitables. Tuvo lugar en una tarde templada en el ruedo de “Minas y Abril”. Allí el presidente Yamandú Orsi se movió con una discreción poco habitual para su investidura.
Llegó sin despliegues visibles, con un esquema de seguridad mínimo y se instaló entre colaboradores cercanos. Permaneció en el sitio algo más de dos horas, en un marco que va entre antes y después de la actuación de Larbanois & Carrero.
Conversó de manera casi permanente con el ministro de Educación, José Carlos Mahía, y con el intendente Daniel Ximénez. La escena se repetía: diálogo cerrado, interrupciones esporádicas de algún asistente al espectáculo que pedía una foto, y retorno inmediato al círculo de confianza.
No hubo gestos de búsqueda activa de contacto con el público ni señales de interés por el desarrollo artístico. Su presencia, en términos políticos, fue más constatada que vivida.
En ese contexto, entre los asistentes y luego amplificado en redes sociales, circuló una apreciación que ya forma parte del repertorio político: “está solo”. La frase, más que una descripción literal, operó como síntesis de una percepción.
La comparación con sus antecesores surgió casi de manera automática. Tanto Luis Lacalle Pou como José Mujica habían atravesado ese mismo escenario en años anteriores con una lógica distinta: exposición permanente, contacto directo y una demanda de selfies que, según recuerdan habitués del evento, hacía prácticamente inviable la permanencia de los mandatarios en el lugar.
La noche ofreció un contrapunto nítido. Durante la actuación de Chacho Ramos, hizo su aparición el senador y secretario general del Partido Colorado, Andrés Ojeda.
Su comportamiento fue, en términos de comunicación política, inverso. Se desplazó entre el público, bailó, promovió el contacto físico y replicó una práctica instalada por Lacalle Pou: tomar el celular ajeno, definir el encuadre y ejecutar la selfie. Su foco estuvo puesto casi exclusivamente en la interacción con los asistentes, con menor atención al entorno político local.
También se hizo presente el senador colorado Robert Silva, quien adoptó una tercera vía. Sin el despliegue performático de Ojeda ni la introspección de Orsi, recorrió el espacio conversando con los asistentes, formulando preguntas y accediendo a las fotos con naturalidad. Su tránsito fue más pausado y, en apariencia, más orientado a la escucha.