Desde los albores de la revolución independentista se fueron gestando las tendencias políticas. Por entonces eran bandos en torno a caudillos con modalidades y estilos que les diferenciaba unos de otros.
En 1836 las personalidades de Frutos Rivera y Manuel Oribe se manifiestan en declarado enfrentamiento. Por ser dispares, a veces antagónicos y poseer, cada uno, una concepción diferente de la Nación.
Don Juan Pivel Devoto en su “Historia de los Partidos Políticos” anota: “Uno era la expresión del espíritu de la revolución, el ansia de libertad espontánea e irrefrenada que prolongaba su impulso en la figura del caudillo y su sistema; el otro, aspiraba a consolidar el destino del país, que una vez constituido anhelaba el orden fundado en la ley y la estabilidad de la autoridad basada en la disciplina de gobierno y en la unidad de los partidos. Aquel se sentía protagonista de un escenario que desbordaba las fronteras nacionales y aspiraba gravitar en los problemas de la región; éste, identificado con la nación, quería consolidar la organización constitucional dentro de fronteras, sustrayendo al país de los pleitos domésticos de nuestros vecinos como forma de afianzar un destino propio”.
Por su parte Daniel J. Corbo en “Historia del Pensamiento Político del Partido Nacional” expresa: “Con el surgimiento de los partidos blanco y colorado, que expresan diversas maneras de concebir la organización nacional y modos disímiles de sentir y entender cómo se servía al país, se abría la lucha civilista para fundar la República”.
Para Manuel Oribe servir a la República significaba vivir en una sociedad ordenada por las leyes y con autoridad legitimada por las instituciones. Colisionaba con la persona de Fructuoso Rivera, líder vital, de mando no siempre apegado a lo institucional.
Reyes Abadie y Vázquez Romero anotan: “Fueron dos formas diferentes de expresión y conducción del naciente Estado, ambos de indudable autenticidad americana: para Rivera, el soporte de la soberanía y el linde de la patria se asentaba en el mundo trashumante de sus jinetes sobre la extensión abierta de la pradera oriental, epicentro natural de la vasta pradera sud-atlántica y platense; para Oribe, la soberanía era el área demarcada por la Ley, representada y delegada en la autoridad legítima, y la patria era el ámbito de vigencia de esa ley y de esa autoridad sobre el cálido terruño americano confiado a su celosa custodia. Cada uno interpretaba en aquella hora germinal de la joven República, una dimensión de la sociedad política -del país real- cercenado por el país legal de la Constitución: para Rivera el estado era el pueblo; para Oribe, la Patria”.
En julio de 1836, Rivera se levantó en armas contra el gobierno constitucional de Oribe. Éste entendió que no era suficiente enfrentar la rebelión militarmente, sino que se debía promover un amplio movimiento de opinión que defendiera la estabilidad institucional y fuera escudo ante la anarquía que pudiera aparejar la guerra civil.
Una acción cívica con un emblema que de solo mencionarlo fuera todo un programa de adhesión a la legalidad.
Es así que el 10 de agosto de 1836, por decreto oficial del Poder Ejecutivo, nació la divisa blanca de “Defensores de las Leyes”. La elección del color de la divisa tuvo una significación profunda. Fue un tributo a la memoria de los orientales que en 1811 dieron inicio a la revolución emancipadora, pues en aquellas jornadas artiguistas los patriotas se distinguían con banderas y enseñas de color blanco.
Se conformaba un bando “nacional”, unificador, congregante de los amigos del orden. Fue la gestación de una colectividad vigente hoy, con más futuro que historia. Que tuvo su bautismo de sangre en la batalla de Carpintería, en setiembre de ese año ‘36; que defendió la independencia nacional en Paysandú en 1864; que en 1904 ofrendó sangre en Masoller por las libertades públicas; que detuvo el avance imperialista sobre las patrias chicas sudamericanas en los años ‘40; que siempre se ha manifestado con coraje viril ante los autoritarismos y que ha sido faro de libertad en todos los tiempos.
Enhorabuena estos 190 años construyendo libertad.
Oribe Pereira Parada
