Por P.M.
En las últimas horas falleció Abayubá Martorell Librán.
Hijo del médico y exintendente Sarandí Martorell, construyó una trayectoria singular en la vida pública uruguaya. Fue diputado, jefe de Policía y senador suplente.
Hombre de ideas batllistas, de convicciones firmes y estilo propio, transitó la política sin perder nunca una forma personal de entender el servicio.
Colorado de toda la vida, tuvo un breve pasaje por el Frente Amplio durante una etapa como senador suplente. Sin embargo, como el hijo pródigo de la parábola, regresó luego al partido de sus orígenes, del que ya no volvió a apartarse.
Pero sería injusto resumir su existencia únicamente en los cargos que ocupó.
Para muchos, antes que dirigente o referente político, Abayubá fue el vecino de siempre. El panadero de Las Delicias.
El hombre dispuesto a conversar, a dar una mano, a compartir el tiempo con la gente del barrio. Generoso, cercano y atento a los demás.
Conoció la gloria política en un departamento históricamente blanco y también atravesó con dignidad los momentos difíciles que inevitablemente llegan en toda vida pública. Nunca perdió el trato sencillo ni el conocimiento profundo de las personas y de los paisajes que formaron parte de su historia.
Era hombre de pocas palabras y mirada serena.
Perteneció a una generación que fue protagonista de un tiempo más aldeano, más directo, donde la política y la convivencia cotidiana ocurrían cara a cara. Al recorrer su vida también se recorren los cambios que atravesó el departamento y buena parte del país.
Como enseña el catecismo: cuando ya no precisó trabajar para sí, trabajó para los demás. Y lo hizo entero, con dedicación y con sentido del deber.
Conoció la luz. Y ahora vuelve a ella tras una extensa vida honrada.
Hasta la vuelta, “Yuba”.
