El próximo lunes por la mañana, la esquina de Batlle y Rodó volverá a ser escenario de una imagen que hacía tiempo no formaba parte de la rutina de Minas: el sindicato de trabajadores municipales se movilizará frente a las puertas de la Intendencia.
No es un dato menor. Hacía años que no se veía una expresión de agitación sindical de estas características frente al edificio comunal. Los memoriosos recuerdan algunas medidas durante el primer gobierno de Adriana Peña, cuando entre los protagonistas de aquellas jornadas estuvieron un director que hoy integra la administración y dos ediles. Los tres, por supuesto, pertenecían al Frente Amplio.
Ahora el sindicato vuelve a la calle, aunque por un motivo bastante más acotado que los grandes conflictos laborales que atraviesa la Intendencia.
La plataforma reivindicativa apunta a la ampliación del horario en algunas oficinas municipales.
No se trata, al menos según lo que se conoce hasta ahora, de una movilización por las decenas de trabajadores zafrales que quedaron sin empleo. Tampoco por los contratados cuya continuidad laboral genera incertidumbre. El reclamo sindical tiene otro centro: el cambio de horario.
Los trabajadores tienen derecho a reclamar y el sindicato tiene derecho a movilizarse. Pero resulta inevitable observar el contraste entre la magnitud de algunos problemas laborales de la Intendencia y el asunto que llevará nuevamente al gremio a la puerta del gobierno departamental.
Esta vez, además, habrá interlocutor.
El intendente Daniel Ximénez ya regresó de su licencia y el lunes estará en condiciones de recibir, escuchar o al menos tomar nota del planteo sindical. Después de todo, si el descanso cumplió su cometido, llegará a la movilización descansado.
Y quizá eso ayude.
Porque durante los últimos días la discusión sobre la ampliación del horario incorporó un elemento bastante más curioso que el estrictamente laboral. Según han señalado ediles de la oposición y distintas fuentes vinculadas a la administración, la modificación no tendría como único objetivo mejorar la atención al público.
También permitiría asegurar que haya funcionarios disponibles para atender las llamadas del intendente cuando los necesite.
Si esa explicación es correcta, hay una pregunta que merece una respuesta pública: ¿el horario de la Intendencia se amplía para atender mejor a los vecinos o para adaptarse a las necesidades del intendente?
La diferencia es importante.
Una administración pública debería organizar sus horarios en función del servicio que presta y de las necesidades de quienes concurren a sus oficinas. Si existe otra razón, corresponde explicarla.
También corresponde separar las cosas.
Que un intendente tome licencia no constituye, por sí mismo, ninguna irregularidad. Descansar es parte de la vida de cualquier persona y también de quienes ocupan responsabilidades públicas. Pero cuando la cantidad de licencias empieza a convertirse en un asunto recurrente de la conversación política, la discusión deja de ser estrictamente privada.
Néstor Calvo señaló que esta fue la cuarta licencia de Ximénez en lo que va del período. La cifra forma parte de una denuncia política que no fue desmentida y, por lo tanto, integra el debate público.
Ahora el intendente está de regreso.
Descansado, presumiblemente.
Y tendrá el lunes una buena oportunidad para demostrar que también está dispuesto a escuchar.
Porque esta vez no podrá atribuirle el reclamo a la distancia, al cansancio ni a la agenda.
El sindicato estará en la puerta.
La Intendencia estará abierta.
Y el intendente también.
Pablo Melgar
