Algunos periodistas conocen de memoria los números de la economía. Hay otros que conocen los nombres de los funcionarios. Y hay algunos —los menos— que conocen algo bastante más difícil: lo que la gente quiere saber.
Leonardo Sarro pertenece a esa última categoría.
Con Leonardo hemos compartido muchas cosas. Hemos coincidido y discrepado, como corresponde entre colegas y amigos. Pero hay una materia en la que suele darnos una ventaja considerable: el sentido común. Y, sobre todo, una capacidad poco frecuente para traducir la discusión pública al idioma de la calle.
Ayer volvió a demostrarlo.
Gabriel Oddone había terminado su comparecencia ante las comisiones de Presupuesto y Hacienda del Senado. Las preguntas de los periodistas giraban alrededor de la economía, el crecimiento y el dato conocido sobre la contracción de la actividad durante el segundo trimestre. Era la agenda esperable para el ministro de Economía.
Entonces Sarro hizo otra pregunta.
No preguntó por una variable macroeconómica. No preguntó por el déficit fiscal ni por el tipo de cambio. Preguntó por una persona que gana $25.000 y está, según sus propias palabras, “repodrida”. Preguntó qué esperanza puede tener alguien que no llega a fin de mes.
Era, en realidad, una pregunta elemental.
Y quizás por eso mismo resultó tan incómoda.
Oddone respondió con los argumentos que suele utilizar el gobierno: crecimiento del salario real, aumento del ingreso de los hogares, mejora de las jubilaciones mínimas y políticas dirigidas a los sectores de menores ingresos. El Ministerio de Economía sostiene, además, que el rumbo elegido combina estabilidad, crecimiento y protección social.
Pero Sarro no se quedó allí.
“Este modelo económico parece el mismo que en la época de Arbeleche”, le dijo.
La frase produjo el momento político de la jornada.
Oddone se retiró molesto. Después volvió sobre sus pasos y llamó al periodista detrás de cámaras. “Lo que acabás de hacer es de mala fe”, le dijo, según el registro difundido por el propio Sarro y recogido por El País.
La escena merece ser mirada con atención porque contiene algo más importante que una discusión entre un ministro y un periodista.
Contiene una diferencia entre la economía que se explica y la economía que se vive.
Oddone tiene una enorme ventaja sobre buena parte del elenco político del gobierno: conoce la materia de la que habla. Su discurso tiene fundamentos técnicos y el Poder Ejecutivo ha construido buena parte de su identidad económica alrededor de la estabilidad fiscal, el crecimiento y la inversión. En enero, por ejemplo, el propio ministro reconocía la preocupación por el tipo de cambio y sus efectos sobre la competitividad, la inversión, el crecimiento y el empleo.
Pero precisamente por eso la pregunta de Sarro adquiere mayor importancia.
Porque el ministro puede explicar durante una hora las variables de la economía uruguaya y, sin embargo, salir de una rueda de prensa enfrentado a una pregunta que podría formular cualquier vecino.
¿Y el que gana $25.000?
Ahí está el problema político.
No necesariamente porque la respuesta del gobierno sea falsa. Tampoco porque una pregunta deba sustituir a una explicación económica. Sino porque una política económica necesita ser entendida por quienes viven sus consecuencias.
La economía puede crecer. El salario real puede mejorar. El ingreso de los hogares puede aumentar. El resultado fiscal puede mostrar una determinada evolución. Todo eso puede ser cierto.
Pero también puede ser cierto que una persona que cobra $25.000 siga sintiendo que el dinero desaparece antes de terminar el mes.
No hay contradicción automática entre ambas cosas.
Hay una distancia.
Y esa distancia es la que el periodismo tiene la obligación de recorrer.
Por eso lo de Sarro fue más que una pregunta incómoda. Fue una pregunta de periodismo.
El periodismo no está para ayudar a los gobiernos a ordenar sus conferencias de prensa. Tampoco está para confirmar el relato de la oposición. Está para preguntar aquello que alguien que está mirando la televisión, escuchando la radio o leyendo el diario quisiera preguntar si tuviera al ministro delante.
A veces esa pregunta surge de un informe técnico.
Y a veces surge de una conversación en un almacén.
Ayer surgió de Leonardo Sarro.
Oddone puede discutir la comparación con Arbeleche. Puede considerar injusta la formulación. Puede explicar las diferencias entre ambas políticas económicas. De hecho, sería interesante que lo hiciera con números y no solamente desde la reacción personal.
Porque allí está el verdadero debate.
Si el modelo económico es diferente, hay que explicar en qué es diferente.
Si los resultados son diferentes, hay que mostrar en qué son diferentes.
Y si una persona que gana $25.000 está mejor, hay que poder demostrarle por qué. Si todavía no está mejor, hay que poder explicarle cuándo y cómo pretende el gobierno que lo esté.
Eso es política.
Lo demás es comunicación.
Oddone es, probablemente, una de las figuras con mayor peso propio dentro del gobierno de Yamandú Orsi. Su formación técnica, su exposición pública y el lugar central que ocupa en las decisiones económicas lo convierten en una figura especialmente relevante para el oficialismo.
Y justamente por eso no debería molestarse demasiado cuando un periodista le hace una pregunta difícil.
Debería contestarla.
Porque un ministro puede ganar una discusión técnica con un economista.
Pero cuando un periodista consigue formular la pregunta que se hace la gente común, la discusión cambia de terreno.
Ya no alcanza con saber de economía.
Hay que saber escuchar.
Y en eso, ayer, Leonardo Sarro dio una lección.
Felicitaciones, Leonardo.
Pablo Melgar
