Ernesto Talvi fue durante mucho tiempo una suerte de gurú de la economía uruguaya. Desde el Centro de Estudios de la Realidad Económica y Social (CERES) analizó con minuciosidad los movimientos de la producción y la creatividad.
Una vez al año salía de su oficina y presentaba un informe. Luego concedía dos entrevistas: una al semanario “Búsqueda” y otra al periodista Emiliano Cotelo en su programa “En Perspectiva”.
Siempre sorprendente, apostó a planteos disruptivos e innovadores. Durante años ocupó el centro de la escena liberal nacional, detrás de Ramón Díaz.
Un día Talvi decidió jugarse por la política. Se presentó por el Partido Colorado. Se diseñó para sí un liderazgo de centro, más cerca de la izquierda que de la derecha. No muchos le creyeron, pero le alcanzó para ganarle la interna al expresidente Julio María Sanguinetti. Increíble.
Eran tiempos en los que ser liberal equivalía, para muchos, a comulgar con los neoliberales o los “Chicago Boys”. Fue cuando la guerra cultural de izquierda se llevó los premios, hasta las ideas de Talvi.
Cómo era de esperar, Talvi perdió en la elección de octubre y pasó a ser el socio principal de Luis Lacalle Pou en la coalición de gobierno. Fue nombrado canciller.
Para sorpresa de muchos, un día dejó todo. Todo es: la Cancillería, el Partido Colorado y la vida política. Dijo que aquello no era para él y se fue. Abandonó un partido y una coalición de gobierno. Desde entonces, el misterio.
Hasta que el sábado pasado se supo que pasaría a asesorar al gobierno argentino liderado por Javier Milei. Podría suponerse que recién ahora comienza el verdadero tiempo político de Talvi.
Ahora los argentinos se compraron un gurú.
Veremos el resultado, tal vez sea con ideas más liberales o, en una de esas, Milei se vuelva socialista.
Pablo Melgar
