El sábado recorrí la Expo Prado y tuve la sensación de que hay lugares donde se comprende mejor a un país.
No fui únicamente a observar animales, maquinaria o stands. Fui a analizar qué Uruguay se está mostrando y qué lugar ocupa cada departamento dentro de esa representación del país.
Y allí había de todo.
Genética, tecnología, innovación, maquinaria, transporte y servicios vinculados a prácticamente todas las actividades que conforman la producción agropecuaria. Estaban las grandes marcas de la economía nacional, los bancos, las casas de remates y las empresas vinculadas al negocio ganadero.
También estaban las embajadas.
Algunas contaban con una presencia destacada, como la del Reino Unido, cuyo espacio dedicado a las Falklands o Malvinas ya había generado, por cierto, la correspondiente controversia.
Y estaban los departamentos.
Colonia, como siempre, con un magnífico stand. Histórico. Casi una institución dentro de la Expo Prado.
Canelones, con una presencia destacada, exhibiendo productores, productos, tradiciones y buena parte de esa identidad que los canarios han sabido convertir en una fortaleza.
Uno podía recorrer el predio durante horas y encontrarse con empresas, productores, instituciones, gobiernos departamentales, tecnología y cultura.
Porque el Prado es mucho más que una exposición ganadera.
Es, probablemente, la principal vidriera económica del Uruguay.
Y justamente por eso me quedó una pregunta dando vueltas: ¿Dónde está Lavalleja?
Supongo que alguna representación de nuestro departamento vinculada al mundo productivo debe haber estado. Es posible que simplemente no la haya visto durante mi recorrida. No pretendo afirmar lo contrario.
Pero no encontré a la Intendencia de Lavalleja.
Y creo que la pregunta merece ser planteada.
Porque si hablamos de turismo, inversiones, producción y desarrollo departamental, debemos comprender que existen determinados escenarios en los que Lavalleja tiene que estar presente.
El Prado es uno de ellos.
Más aún por una cuestión de calendario que resulta difícil ignorar.
La Expo Prado se realiza aproximadamente un mes antes de nuestra Semana de Lavalleja.
Mientras Montevideo concentra durante varios días a buena parte del Uruguay productivo, empresarial, institucional y rural, nuestro departamento se prepara para uno de sus principales acontecimientos turísticos y culturales.
¿No sería razonable aprovechar esa coincidencia?
No es necesario contar con el stand más grande ni competir en metros cuadrados con los departamentos más poblados. Pero sí resulta importante tener una presencia estratégica.
Un espacio que reúna al departamento: sus productores, sus empresas, su gastronomía, sus atractivos turísticos, su cultura y, naturalmente, la Semana de Lavalleja.
Un lugar donde quienes lleguen desde cualquier punto del país puedan descubrir que detrás de las sierras hay mucho más que un paisaje.
Porque mientras recorría el Prado también pensé en otra cuestión.
Hace años que afirmamos que Lavalleja tiene enormes posibilidades turísticas. Sin embargo, basta observar algunos de nuestros principales accesos para advertir que todavía tenemos mucho por hacer.
En la Ruta 9, en la Interbalnearia y en otros puntos estratégicos, la presencia de Lavalleja es, en ocasiones, demasiado modesta para lo que pretendemos alcanzar.
Contamos con lugares extraordinarios y, sin embargo, no siempre les otorgamos la visibilidad que merecen.
Eso también requiere decisiones.
El desarrollo no se produce únicamente mediante grandes obras. A veces comienza con algo mucho más sencillo: estar donde están las oportunidades.
El Prado es uno de esos lugares.
Allí se encuentran productores, empresarios, instituciones financieras, inversores, representantes diplomáticos y buena parte de quienes toman decisiones o generan actividad en el Uruguay.
Lavalleja tiene elementos para aportar a esa conversación.
Tiene producción. Tiene empresas. Tiene turismo. Tiene cultura. Tiene territorio. Tiene identidad.
Y tiene, además, una enorme oportunidad en setiembre, cuando buena parte del país rural y productivo pasa por Montevideo.
Por eso la pregunta no debería ser cuánto cuesta estar en el Prado.
Tal vez deberíamos preguntarnos cuánto nos cuesta no estar.
Porque los departamentos que avanzan no son necesariamente los que cuentan con más recursos.
Muchas veces son los que saben dónde vale la pena invertirlos.
Y el Prado parece ser, indudablemente, uno de esos lugares.
Pablo Melgar
