Con motivo de la firma del Tratado de Paz que en 1872 puso fin a la llamada Revolución de las Lanzas -movimiento encabezado por el caudillo blanco general Timoteo Aparicio- se erigió en el centro de la plaza de Minas una escultura que evocaba la Libertad.
Desde ese momento la “Plaza del Recreo” pasó a llamarse Plaza Libertad.
Transcribimos del periódico “La Voz del Pueblo” una descripción del ingenio escultórico: “La estatua tenía en su basamento cuadrangular, como adorno, cuatro planchas de mármol en las que en cada una de ellas se rememoraba algún suceso nacional: 18 de Julio de 1830 – Jura de la Constitución; 25 de Agosto: Declaratoria de la Independencia Nacional; 19 de Abril de 1825: Desembarco de los 33 Orientales y 6 de Abril de 1872: Tratado de Paz que puso fin a la guerra civil de Aparicio. Esta última plancha estaba grabada de los dos lados, la primitiva inscripción era así: Al progreso – Iniciador – Gefe Político D. Pedro L. Silva – J.E.A. Presidente D. Raymundo Costa – Don Teodoro Bustamante – Don Guillermo Bonilla – Don Carlos Sollier – Don Pedro Pablo Castro”.
En el primer año del siglo XX se hablaba con insistencia de la inminente concreción de un monumento al Gral. Juan Antonio Lavalleja y comenzaron a cruzarse opiniones sobre el lugar de emplazamiento y las necesidades de ornamentación de la plaza.
LA VERJA, LOS ÁRBOLES, LAS VEREDAS…
El periódico “El Criollo” en su publicación del 29 de abril de 1900 opinaba sobre el estado de la Plaza Libertad: “Cosa fea es la verja destrozada en muchas partes por las raíces de los árboles. ¿Por qué no se arregla eso? Creemos que no costaría mucho, o mejor aún, ¿por qué no se quita la verja y se coloca en la Plaza Rivera, quitando el alambrado que le da más trazas de potrero que de plaza?”.
Al mes siguiente argumentó sobre la conveniencia de sustituir algunos árboles del referido paseo -especialmente los pinos- por plátanos, y expresaba: “En este mes o en el que viene se podan los plátanos de las calles y avenidas de la Capital, solicitando a la Dirección de Parques y Jardines algunos cientos de podos, creemos que lo cedería, con los cuales se podría hacer un buen almácigo …”.
Por su parte “La Voz del Pueblo” bajo el título “El arreglo en la Plaza Libertad” informaba: “La creación del monumento que debe levantarse al general Lavalleja, trae aparejado, como se dice en términos jurídicos, una cuestión de previo y especial pronunciamiento, nos referimos al arreglo que debe hacerse en la plaza Libertad, como muy juiciosamente la ha entendido la Junta, al tomar la acertada medida de sacar la verja, o que fue tal, que la rodea, así como el corte de los pinos que tiene, y con cuya venta e importe, bien se puede hacer algo bueno”.
El 13 de agosto -año 1900- comenzaron los trabajos de desmantelamiento de la verja que rodeaba la plaza. “La Campaña” tituló “La Verja” – “ Ayer dieron principio al levantamiento de la verja que circunda la Plaza Libertad … La Junta ha acordado levantar la verja que rodea la Plaza Libertad y colocarla en la plaza General Rivera, sacando de ésta el alambrado que la hace aparecer como un potrero mas bien que paseo público … Así mismo ha dispuesto el corte de los pinos que existen en la Plaza Libertad y plantación de árboles adecuados y el ensanche de la vereda que circunda a dicha plaza … Merece la Junta un aplauso por esas medidas que se hacían tan necesarias”.
EL DESTINO DE LA ESTATUA
Los comentarios en la población fueron de entusiasmo y expectativas. Se refaccionaba la plaza; se encomendaba al joven escultor Juan Manuel Ferrari la obra que perpetuara la imagen de Juan Antonio Lavalleja en el bronce; se intercambiaban opiniones sobre detalles de ornamentación y surgió la noticia que ahondó la polémica.
Esto es, la Junta Económico Administrativa, bajo la presidencia de Caraciolo Pais, decidió que el emplazamiento de la estatua a Lavalleja fuera en el mismo centro de la plaza sustituyendo la escultura en homenaje a la Libertad.
“En la Plaza Libertad se harán las siguientes refacciones”, anunciaba el periódico bi-semanal “El Estudio”, en su edición del 9 de agosto: “Demolición de la actual estatua colocándose en su lugar la de Lavalleja (cuando se construya), sacar la verja y colocarla en la plaza General Rivera (que hoy se asemeja a un potrero de invernada) y cortar los pinos de los francos para sustituirlos por plátanos”.
En forma paralela a estas disposiciones gubernamentales para con la plaza se llamó a propuesta “para la demolición de la pirámide que existe en el centro de la Plaza Libertad”.
El tema pasó de ser noticia a ser polémica generalizada: Quienes estaban de acuerdo con la demolición, los sorprendidos con la resolución y quienes protestaban señalando que el monumento a Lavalleja podría emplazarse en otro lugar de la plaza y así convivir las dos esculturas.
En esta última postura se manifestaba el periódico “La Campaña”: “La demolición de la pirámide que existe en la Plaza Libertad es un proyecto que no se encuadra con las ideas de progreso que se ha demostrado en todos sus actos la Junta Económico Administrativa. Esa pirámide simboliza el pacto de paz de los partidos tradicionales después de una guerra sangrienta de hermanos contra hermanos. Está bien, pues, donde está y allí debe quedar. Si se quiere levantar un monumento al glorioso jefe de la Independencia, no es de imprescindible necesidad que se haga en el centro de la plaza, puede levantarse en un costado de ella…” “La campaña” 14/8/1900.
“El Criollo” del 12 de agosto, con el seudónimo “Sandoval”, se refirió a la demolición, quitar la verja y cortar los árboles expresando: “Estas resoluciones municipales son dignas del aplauso general, y nos confirman en la opinión que formáramos al constituirse la actual Junta, que a seguir por la senda que marcha podremos exclamar: “Señores ediles: habéis merecido bien de la Patria”.
También “El Estudio” del 30 de agosto se sumó a la polémica, publicando una carta de lector con el seudónimo “Un Carolino” que en un pasaje señala: “… la retrógrada resolución de destruir el monumento más grandioso del país -sino por su arquitectura- porque simboliza el ideal más grande que llevaron a cabo nuestros próceres á fuer de grandes sacrificios … ¿No tiene espacio suficiente la plaza Libertad para construir otro monumento en lugar propicio?”.
Finalmente la estatua a la Libertad fue demolida.
Es de suponer que los vecinos, en gran número, presenciaron la escena viendo desaparecer en el polvo circundante la figura que no sólo presidió la plaza, sino que dio su nombre hasta el presente, y fue mudo testigo de historia minuana.
“La libertad de Minas -consigna “El Estudio” al referirse a la demolición- es decir, la estatua de la libertad, rodó por tierra de su elevado asiento, cayendo de cabeza sobre su propia base. El recuerdo a la representación de esa pirámide queda en la mente del pueblo, como tienen que quedar los grandes esfuerzos del patriotismo en la historia y en el corazón de los patriotas”.
Oribe Pereira Parada
