John Mawe (1764-1829) fue un inglés que en junio de 1805 viajaba con destino a Buenos Aires, pero por impericias del capitán de la nave que lo trasladaba terminó recalando en Montevideo.
Era hombre de negocios y portaba mercadería para comerciar y, a la vez, le interesaba el estudio de la geología de esta zona platense.
Redactó apuntes con detalles de sus peripecias en esta costa, señalando que fue sospechado de espía y contrabandista -aunque podía probar que la mercadería había sido despachada con regularidad desde el puerto de Cádiz-, fue sometido a castigos, interminables interrogatorios, amenazas y prisión.
El Gobernador Pascual Ruiz Huidobro y sus allegados no le tuvieron consideración y como medida extrema se dispuso enviarlo al interior de la Banda Oriental “bajo la estipulación de no aproximarme a cuarenta leguas de Montevideo”.
LA RADICACIÓN EN BARRIGA NEGRA
“Este cambio me pareció, de momento, que iba a quitarme toda esperanza de obtener mi libertad y a exponerme a nuevos peligros, pero me consolé con el generoso ofrecimiento de amparo y protección que me brindó el digno español don Juan Martínez, cuyo establecimiento, situado a cincuenta leguas de la Laguna Meni (sic) estaba ubicado a la distancia prescripta en la orden que me concernía … Barriga Negra dista alrededor de ciento sesenta millas noreste de Montevideo, cerca de ciento veinte de Maldonado y noventa de la ciudad de Minas”.
Mawe hizo propicia la situación para “efectuar excursiones en la zona y alrededores”. Sus anotaciones abundan en descripción de la geografía del lugar, las características geológicas, la flora y fauna, sus habitantes (se asombró por la escasa población femenina), formas de vida, sus hábitos y costumbres, etcétera).
En definitiva, hoy es un valioso material para el estudio de la historia de esa región de nuestro departamento.
El prisionero no escatimó en elogios hacia el estanciero que oficiaba de anfitrión y a la vez carcelero. Por el buen trato, por el respeto hacia su persona y la libertad que le posibilitaba cultivar sus estudios geológicos.
“Durante la residencia de seis meses en este remoto distrito en calidad de prisionero, o de hecho, como huésped bienvenido en la casa de un hombre hospitalario, mi vida transcurrió en forma tranquila… Todo el tiempo que residí en su casa fue sumamente bondadoso conmigo, al igual que su familia, haciéndome el exilio agradable”.
“ESOS DOS LO VAN A MATAR…”
Al producirse la invasión inglesa y, enterado de la rendición de Montevideo, Mawe solicitó a Martínez le pusiera en libertad. Alegó que ya no se consideraba prisionero, a lo que el hacendado -según Mawe- “pareció sorprenderse mucho y me hizo entender que yo continuaba prisionero, porque al no estar realmente en Montevideo, seguía bajo la jurisdicción del Virrey de Buenos Aires”.
Luego agrega en sus notas que “la caída de Montevideo y el desastre de las armas españolas lo había trastornado tanto que se apartó de la saciedad y evitó toda clase de comunicación conmigo. Bajo esta circunstancia se me aconsejó escapar, pero sentí repugnancia ante la idea de herir los sentimientos de un hombre que humanamente me había librado de mi confinamiento y me había tratado como un hermano. Como no era partidario de una acción de tal ingratitud, busqué que su amable señora intercediera por mí … pero rechazó tal proposición en forma vehemente y prohibió que se hablara del tema”.
Mawe, decidido a obtener su libertad, complotó con dos hombres de la zona a los que les dio seis onzas de oro para que le procuraran caballos y demás necesidades y acordaron un plan de fuga.
Así fue que llegó la noche en que estaban dispuestos los caballos y sus cómplices que le escoltarían. “Fue este uno de los momentos más melancólicos de mi vida: reflexionaba compungido que, mientras trataba de obtener mi libertad, aparentemente abusaba de la confianza de un hombre de honor que había hecho todo lo necesario para merecer mi amistad”.
Más adelante en sus anotaciones Mawer comenta: “Me encontraba cerca del lugar convenido para encontrarme con mis guías cuando escuché una voz que me era familiar, a mi lado … “Don Juan”, me dijo, “usted va a escaparse esta noche … los hombres que usted ha elegido como guías lo van a asesinar, se apoderarán de su dinero y lo enterrarán en una barranca a una legua de aquí … los dos son jugadores y uno de ellos mató dos hombres el año pasado”.
Debió desistir en el intento de abandonar la casa del español Juan Martínez. No obstante el inglés recurrió a los servicios de alguien que ofició de mensajero portando una carta a un magistrado de Montevideo “que sabía, si había sobrevivido al asalto de la ciudad, enviaría una orden para mi liberación … Partió sin que nadie de la familia lo supiera y cinco días después, regresó por la mañana ante mi explicable júbilo, con una carta firmada por el señor Francisco Juanicó, el magistrado a quien había escrito, que declaraba que yo estaba libre y debía regresar inmediatamente”.
“Apenas recibí esta noticia –continúa Mawe- corrí hacia el señor Martínez y lo abracé alborozado, dándole el papel para que lo leyera; luego de haber examinado su contenido, me observó que no tenía carácter oficial, pero me daba un pretexto razonable para irme, a lo cual, accedió cordialmente”.
Le despidieron con una cena, tuvo oportunidad de despedirse de cada uno de los integrantes de la familia y del personal del establecimiento. Todos, según su testimonio, le felicitaban por su libertad y le colmaban en atenciones.
Tres peones y un viejo baqueano le acompañaron en su tránsito desde Barriga Negra a Montevideo. Sobre su llegada a la ciudad que ahora estaba en poder de sus compatriotas firma: “No tengo palabras para describir mis emociones al ver flamear la bandera inglesa en aquella torre … y ver soldados ingleses en posesión de una plaza donde había sufrido tanta injusticia y opresión”.
Oribe Pereira Parada
