Llegado el día 10 de setiembre, el Partido Nacional inclina sus banderas en respetuoso homenaje a la memoria del General Aparicio Saravia, ante nuevo aniversario de su fallecimiento.
La bala que le alcanzó aquel día 1° de setiembre de 1904 en la Batalla de Masoller, que devino en su muerte diez días después, puso fin a una época de Caudillos alzados reclamando derechos cívicos y dio paso a la incidencia de los Jefes Civiles.
Con Saravia murió una etapa de la historia nacional y se dio nacimiento a la cristalización de sus postulados: el respeto a las libertades públicas manifestadas en el voto secreto, la representación proporcional de las minorías y la coparticipación de los partidos en el gobierno.
PASIÓN DE LIBERTAD
El “Águila Blanca del Cordobés” fue triunfador, y es triunfador.
Se ha dicho que “Al lanzarse al combate defendió la libertad a secas y la igualdad de derechos para todos sus conciudadanos … su acción marcó uno de los capítulos finales de la resistencia del país rural frente al monopolio de la ciudad puerto”.
Su acción fue una perenne pasión de libertad.
Masoller fue el epílogo de una revolución triunfante, aunque militarmente se pueda interpretar con diferentes enfoques. “Hay vencidos a quienes no se puede vencer -anota Carlos Roxlo después de Masoller- Son los que flotan amarrados al mástil de sus ideas, sobre el revuelto mar del naufragio. Nosotros formamos parte de esos aparentes vencidos, que son los vencedores del porvenir”.
Osvaldo Medina en su libro “Divisa Apasionante” comenta: “Su espíritu vestido de Blanco, como estuviera su cuerpo durante las largas jornadas de la última Patriada, se tendió en generoso vuelo sobre las comarcas orientales como bendiciendo y protegiendo al Partido…”.
“GRANDEZA DE ALMA”
Por su parte, a pocos días de la muerte de Saravia, Constancio C. Vigil escribió en Buenos Aires: “Desaparecido el gran caudillo hay una condición que debería exigirse; el reconocimiento de la abnegación, de la rectitud de móviles, de la grandeza de alma del caído en Masoller … esto nos acercará a la verdad, a la concordia, a la cultura”.
Y culmina sus emotivos conceptos sentenciando: “Aquí está este gran muerto, y es preciso que quede en vuestra conciencia, incorruptible, edificador, obsesionante, como si todo él se hubiese vuelto luz, espíritu y ejemplo. Este gran muerto es una máxima viva”.
EL PRESENTE
El presente encuentra al Partido Nacional vital en sus convicciones y actitudes. Con bríos siempre jóvenes y una historia que es magisterio para la acción. Reviviendo 190 años de permanente forja. Con visiones y proyectos de sus líderes históricos. Con tradiciones ideológicas y compromisos inalterables.
La historia del Partido Nacional, que en gran parte la protagonizó Aparicio Saravia con sus “vecinos alzados”, es la historia misma del país.
Es la historia de una colectividad que avanza hacia su bicentenario…
Oribe Pereira Parada
