Mariana Pomiés, directora de la consultora Cifra, aceptó una entrevista en el programa matinal de Canal 5 para analizar la brusca caída del presidente Yamandú Orsi en las encuestas.
La conversación tuvo un rasgo interesante: ninguno de los participantes puede ser considerado opositor. Más bien responden a esa forma muy uruguaya de oficialismo crítico: cuestionan, pero votan a favor.
La especialista en opinión pública fue muy clara. Para ella el problema central del gobierno es la comunicación. De hecho, lo dijo sin rodeos: “si quieren cambiar esto, deben cambiar la comunicación”.
El planteo abre un caso de estudio.
Este gobierno contrató a 28 periodistas para desempeñarse en distintas áreas. Además, como no trabaja sobre un relato ideológico fuerte, apostó a construir una maquinaria comunicacional como nunca antes se había visto en Uruguay.
Sin embargo, el resultado -al menos por ahora- es pobre.
La izquierda perdió a su gran comunicador cuando murió José Mujica. Con él también se fue una forma de hablarle al país. Aquella “barra” a la que el ex presidente aludía tantas veces, terminó siendo más una construcción sentimental que una estructura real.
Cuando pudieron, vendieron la radio que controlaban a un consorcio extranjero, que luego terminó en manos de La Diaria, ese medio que se presenta como conciencia crítica de la izquierda y que, por cierto, nunca fue particularmente cercano al MPP.
En la desesperación por ordenar su comunicación, el gobierno contrató empresas especializadas. Son profesionales talentosos, con experiencia en campañas y gestión pública. Pero tienen un problema evidente: no tienen alma frenteamplista ni historia tupamara. No son el gobierno; trabajan para el gobierno.
Nunca van a defender a Orsi como lo hacía Mujica.
En ese intento se están gastando millones de dólares sin resultados visibles. La unidad empresarial que armó el MPP fracasó de principio a fin: entra mucho dinero, pero sale aún más. Ni siquiera han demostrado capacidad para administrar bien el presupuesto. Creyeron que podían “comprar” comunicación contratando periodistas conocidos porque aparecían en televisión. Una ingenuidad notable. La mayoría nunca trabajó en términos estratégicos y difícilmente empiece ahora.
Si esa “barra” ni siquiera logra manejar su presupuesto comunicacional, cuesta imaginar que pueda manejar con solvencia el gobierno.
El caso de Blanca Rodríguez es ilustrativo. Fue la presentadora más exitosa de la televisión uruguaya. Pero su desempeño como senadora ha sido irrelevante: no hay proyectos reconocibles y su imagen pública se deteriora entre viajes parlamentarios y clips superficiales que circulan en redes.
No parece tener margen para revertirlo.
En definitiva, el gobierno terminó contratando mensajeros que no saben transmitir un mensaje que, en rigor, nunca existió.
Que Dios nos asista.
Pablo Melgar
