Por Prof. Ing. Agr. Juan Pereyra / Ex director general de Utu
La compra de la estancia María Dolores por parte del Instituto Nacional de Colonización (INC) ya es un hecho irreversible. Con US$ 32,5 millones invertidos, el Estado incorporó 4.404 hectáreas en Florida, un predio con infraestructura productiva de primer nivel: 10 pivots de riego que cubren alrededor de 1.200 hectáreas, represas, tomas de agua autorizadas y un sistema ya en marcha para cultivos intensivos.
Las críticas por el precio, las observaciones del Tribunal de Cuentas y las dudas sobre su viabilidad inmediata han quedado en el pasado. Sin embargo, el tiempo transcurrido desde la adquisición ha generado nuevas preocupaciones: hasta el momento, el lugar no ha logrado comenzar a producir de manera plena y, según estimó el agrónomo y diputado colorado Carlos Rydström tras recorrer el predio, ya se perdió la oportunidad de generar más de 300 mil dólares en ingresos potenciales durante esta campaña, en gran medida por errores administrativos como fallas en el pliego de licitación que impidieron la siembra de cultivos de verano.
El casco principal, con sus 17 habitaciones y estructura de grandes dimensiones, no puede limitarse a funciones administrativas o residenciales convencionales mientras el predio permanece subutilizado.
Uruguay tiene un modelo exitoso para reconvertir instalaciones de este porte en polos de formación: las escuelas agrarias de la UTU. Con 34 establecimientos en todo el país —muchos con internado—, estas instituciones han demostrado capacidad para formar profesionales que se insertan rápidamente en el agro, combinando teoría, práctica y vinculación con el territorio.
Sin embargo, en el área de la agricultura de alta tecnología —especialmente la que incorpora riego eficiente, precisión y sostenibilidad hídrica—, la oferta educativa es insuficiente frente a las demandas del sector.
La agricultura uruguaya avanza hacia la intensificación sostenible, con mayor adopción de riego por pivots, telemetría, sensores, mapeo de suelos, dosificación variable y agricultura de precisión.
Experiencias como la Escuela Agraria La Concordia, que incorporó equipos de riego por pivot y goteo para capacitar en prevención de recursos hídricos y eficiencia, muestran que es posible integrar tecnología de punta en la formación. Pero no existe aún un centro dedicado específicamente a la producción bajo riego de alta tecnología a escala nacional.
María Dolores, con su sistema de riego ya instalado (pivots operativos, bombas actualizadas y telemetría en proceso), reservas de agua y chacras en producción activa —maíces regados y forrajes en marcha—, representa el escenario ideal para crear la primera escuela agraria especializada en este rubro.
Convertir el predio en un centro educativo de producción de alta tecnología con énfasis en riego implicaría un «campo escuela» vivo: aulas y laboratorios en el casco para formación teórica, residencias para alumnos de todo el país, y hectáreas bajo riego como plataforma práctica para enseñar manejo de pivots, monitoreo por sensores, optimización hídrica, agricultura de precisión (zonas de manejo variable, drones, análisis de datos) y sostenibilidad ambiental.
Jóvenes podrían formarse en sistemas que maximicen productividad con mínimo impacto, respondiendo a desafíos como la variabilidad climática, la escasez hídrica estacional y la competencia global.
Esta propuesta alinearía con las prioridades del gobierno: inclusión rural, redistribución de oportunidades y desarrollo tecnológico en el agro. Un convenio entre INC, UTU y posiblemente INIA o Udelar podría definir currículos —bachilleratos agrarios tecnológicos, tecnicaturas terciarias en riego y precisión—, financiamiento y gestión.
Aprendiendo de modelos como La Concordia, se garantizaría inserción laboral alta y contribución real al sector. No se trata de improvisar, sino de aprovechar una infraestructura existente que ya demuestra potencial productivo, y de revertir la actual inactividad que genera pérdidas económicas y oportunidades desaprovechadas.
Criticar la compra es estéril; lo valioso es proyectar su futuro con urgencia. Si se actúa con visión y celeridad, María Dolores dejaría de ser un símbolo polémico —y un ejemplo de gestión ineficiente— para convertirse en emblema de inversión estratégica en capital humano.
Uruguay no puede permitirse predios ociosos, brechas formativas en tecnologías que definen el agro del siglo XXI ni más meses sin producción. El campo ya está en manos del Estado; ahora, que impulse la próxima generación de productores de alta tecnología antes de que se acumulen más pérdidas.
