Por Natalia Gorgoroso
La religiosidad popular volvió a marcar su fervor en las sierras. Como hace 125 años, la Virgen del Verdún volvió a convocar a decenas de miles de fieles en su día. Hasta anoche no había cifras oficiales sobre los visitantes.
No obstante, al mediodía no había lugares disponibles en los estacionamientos previstos. Además, se colapsaron varias veces las entradas y salidas del complejo según datos de la Policía Caminera y la Dirección de Tránsito de la Intendencia.
Este año, la festividad revistió un carácter histórico al conmemorar 125 años de peregrinaciones ininterrumpidas, consolidándose como una de las expresiones de fe más profundas y significativas de Uruguay.
De hecho, en la propia Iglesia Católica se reconoce como la principal peregrinación mariana del país. Para muchos “hace rato” que convoca más devotos que San Cono y otras expresiones de fe que tienen base en el interior del país.
Tras varios días de fuertes temporales que mantuvieron la incertidumbre, el estado del tiempo dio una tregua providencial: el sábado asomó el sol y el domingo coronó la celebración con un día espectacular a pleno sol. Un regalo del cielo que motivó no solo a los fieles a concurrir, sino también a un gran número de vendedores ambulantes que se instalaron en la base del Cerro Verdún, dinamizando la economía local.
La actividad litúrgica fue intensa y estuvo a cargo de destacadas figuras eclesiásticas. La eucaristía de la mañana fue oficiada por el Obispo de Maldonado, Rocha y Minas, monseñor Milton Tróccoli.
Al mediodía, el encargado de presidir la celebración en la Capilla “Madre de la Misericordia”, en lo más alto del cerro, fue el padre Fernando Pereira, párroco de la Parroquia Santa Teresita del Barrio Las Delicias. Finalmente, las misas de las 15:00 horas estuvieron a cargo del padre Pablo Graña, párroco de la Catedral de Minas.
El padre Fernando Pereira, en diálogo con SERRANO tras culminar la celebración en la cumbre, compartió su emoción luego de realizar el ascenso caminando junto a los fieles. Una de las imágenes más impactantes de la jornada fue ver a Pereira, megáfono en mano, liderando el rezo y el canto mientras subía la ladera empinada y rocosa, rodeado de una multitud de personas de todas las edades.
“Estamos aquí en la cumbre del Cerro, aquí acabamos de culminar la celebración de la Santa Misa. La verdad que una celebración preciosa, familiar, muy emotiva también por cómo la gente se acercaba a la Virgen a pedir sus intenciones”, expresó.
El sacerdote detalló que durante el ascenso “hemos hecho el Santo Rosario, subiendo y bendiciendo a la gente, bendiciendo niños. Dios baja a la sierra y baja en Minas y en Abril. Realmente se siente esta presencia de nuestra madre aquí”. Concluyó su mensaje encomendando a la Virgen “por la paz, por nuestra patria y por toda nuestra familia”.
SACRIFICIO, RITUALES Y PROMESAS
La peregrinación al Verdún trasciende la simple asistencia a misa. Es una experiencia marcada por rituales populares y promesas que se han transmitido de generación en generación. El ascenso de más de 300 metros por el empinado cerro no es solo un desafío físico, es un camino de fe y sacrificio.
Como es habitual, cientos de creyentes realizaron el ascenso descalzos, como un símbolo visual del cumplimiento de una promesa o como un acto de humildad y agradecimiento por favores concedidos. La imagen de unos pies descalzos caminando sobre el suelo de tierra y piedra suelta es un testimonio poderoso de esta devoción tan arraigada.
Otras formas de sacrificio y promesa se hicieron presentes: la imagen de un ciclista con equipo completo subiendo escaleras empinadas con su bicicleta de carretera al hombro, rodeado de otros peregrinos, es un ejemplo impactante de cómo la fe puede manifestarse a través del esfuerzo físico extremo.
Es habitual ver a personas cargando ofrendas, velas y piedras que van dejando en el camino o a los pies de la Virgen, rezando el Rosario paso a paso, pidiendo por la salud de seres queridos, por conseguir empleo o para agradecer. Es una fiesta cercana y familiar que mantiene su tono auténtico y profundo.
SANTUARIO ACCESIBLE
La organización de este año, como ya se había hecho el año pasado, puso un énfasis especial en asegurar que nadie quedara afuera de la celebración. El comunicado de prensa previo ya anunciaba propuestas de accesibilidad, y estas se concretaron con gran éxito.
El folleto ofrecía “Asistencia gratuita a visitantes con movilidad reducida y/o en situación de discapacidad”, con agenda previa y un punto de encuentro junto al Stand de Información Turística. La imagen de una persona en una silla de ruedas especial, siendo empujada por voluntarios en terreno herboso, reafirma el carácter inclusivo de esta manifestación de fe, asegurando que “la Virgen del Verdún, Madre de todos, nos espera”.
PEREGRINACIÓN VEHICULAR
Las jornadas de fe no se limitaron al horario diurno. El sábado 18 de abril por la noche, se llevó a cabo una gran “Peregrinación Vehicular”. La impactante imagen aérea del Cerro Verdún al atardecer, con el templete de la Virgen iluminado, coronando la cumbre y un gran Rosario de cuentas grandes extendido sobre la ladera, ilustra la magnitud de este evento.
La columna de vehículos partió desde la Catedral a las 20:00 horas y, al llegar, los participantes rezaron el Santo Rosario a los pies del Cerro bajo el cielo estrellado.
