Por Natalia Gorgoroso
En una sesión histórica y cargada de emotividad, celebrada el pasado miércoles 11 de marzo -de la cual SERRANO ya informó en general-, la Junta Departamental de Lavalleja (JDL) dedicó un espacio central a escuchar la realidad, las luchas y las demandas de las mujeres rurales del departamento.
UNA EXPERIENCIA DESTACADA
La jornada ofreció ver con más claridad el aislamiento, el machismo estructural y la falta de políticas públicas que acompañen a quienes sostienen la producción y la vida en los territorios más alejados.
La intervención comenzó con un viaje a la memoria colectiva a través de la voz de la escritora Mirella Urtizberea, quien dio lectura a su cuento “Remembranzas por Selva Piriz”, obra premiada en una edición anterior del concurso literario “Mujeres Poderosas”. Urtizberea relató la historia de Selva, una mujer pionera que transformó la vida de las habitantes de Gaetán, El Soldado, Casupá y Barra de los Chanchos. En una época donde el esparcimiento era un privilegio exclusivo de los hombres, quienes se reunían en los boliches a jugar a las bochas o al truco, Selva Píriz comenzó a recorrer las casas de la zona, sin importarle la falta de luz eléctrica o agua corriente, para enseñar manualidades, tejido y elaboración de conservas.
El relato de Urtizberea ilustró magistralmente la creatividad de estas mujeres para sortear el aislamiento y la falta de comunicación de la época: utilizando ponchos y sacos rojos colgados en las porteras, crearon un sistema de señales visuales a kilómetros de distancia para avisarse cuándo se realizarían los talleres.
Aquel esfuerzo derivó en la formación de un grupo consolidado que luego se integraría a la Asociación Nacional de Grupos de Mujeres Rurales del Uruguay (AMRU). Al finalizar, la escritora dejó una profunda reflexión en la sala, marcando la diferencia entre ser una mujer empoderada, aquella que necesita que el sistema le otorgue el poder para ver lo que puede lograr, y ser una mujer poderosa, categoría en la que ubicó a Selva Píriz, quien conocía su potencial y no permitía que nada interfiriera en su propósito de ayudar a otras.

BARRERAS ESTRUCTURALES INTACTAS
Sin embargo, el puente entre aquel pasado de resistencia y el presente demostró que muchas de las barreras estructurales siguen intactas. Así lo evidenciaron Gladys Oyero y Gabriela De Freitas, representantes del grupo productivo de cosmética natural “Las Chircas”, oriundas de la zona de Villa del Rosario.
Su relato comenzó ilustrando las victorias nacidas de la necesidad extrema, como la lucha que debió emprender Gladys tras un grave accidente de su hijo, para conseguir una ambulancia para su localidad a través de la asociación AASOL.
El proyecto de “Las Chircas” nació en 2019 tras un llamado del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca (MGAP). Lo que comenzó con el entusiasmo de treinta mujeres reunidas para compartir saberes y construir un futuro económico colectivo, hoy se reduce a tan solo dos integrantes: Gladys y Gabriela.
Con una franqueza que conmovió al plenario, explicaron que el abandono del grupo no se debió a la falta de voluntad, sino al peso insostenible de las condiciones de vida en el campo. Las distancias, el aislamiento, el mal estado de los caminos y la sobrecarga de tareas de cuidado fueron desgastando la participación de sus compañeras.
Las productoras aprovecharon el estrado político para denunciar la invisibilidad de su labor. Señalaron que el modelo de desarrollo agrícola sigue siendo profundamente patriarcal, reconociendo como “productor” o dueño de la tierra casi exclusivamente al varón, mientras que el trabajo de la mujer rural, que cuida la tierra, conserva semillas, transforma alimentos y sostiene la vida comunitaria, carece de valorización.
Reclamaron, además, que si bien el Estado ha abierto llamados a proyectos, el acompañamiento institucional desaparece una vez que se aprueban los fondos, dejando a las mujeres a la deriva y en soledad para sostener emprendimientos complejos.
IMPACTO
El impacto de estas declaraciones resonó inmediatamente entre las ediles presentes en sala. Reconociendo la enorme deuda del Estado con este sector, la edil Carla González propuso una moción para que las palabras vertidas por las productoras no quedaran solo en las actas de la sesión. Por votación unánime, la Junta Departamental resolvió enviar la versión taquigráfica de estos reclamos al Instituto Nacional de Colonización, al MGAP, al Instituto Nacional de las Mujeres (INMUJERES) y a las áreas de Desarrollo Agropecuario y de Familia y Género de la Intendencia, exigiendo no solo acceso a la tierra y financiamiento real, sino espacios de encuentro y acompañamiento sostenido para que la autonomía económica de las mujeres rurales deje de ser una utopía.
