Queridos lectores:
Hay acontecimientos que quedan grabados en la historia de un país, pero hay otros que, además, pueden dejar una huella profunda en el corazón de su gente.
La próxima visita del papa León XIV a Uruguay es una oportunidad para vivir uno de esos momentos que nos invitan a mirar más allá de lo cotidiano, renovar la esperanza y descubrir que todavía tenemos mucho por compartir y construir juntos.
El lema “Les anuncio una gran alegría” nos recuerda aquellas palabras con las que comienza el anuncio del nacimiento de Jesús.
No se trata simplemente de una noticia importante ni de la llegada de una personalidad mundialmente reconocida. Para los católicos, la visita del Santo Padre es, ante todo, un encuentro con el sucesor de Pedro, que viene a confirmarnos en la fe, alentarnos en la esperanza y recordarnos que el Evangelio sigue teniendo algo nuevo que decirle a nuestro tiempo.
Pero ¿cómo prepararnos para recibirlo?
La primera preparación no consiste solamente en organizar actividades, decorar espacios o coordinar los detalles de una celebración. Todo eso es importante, pero existe una preparación más profunda y necesaria: preparar el corazón.
Preparar el corazón significa hacer lugar a Dios en nuestra vida, revisar nuestras actitudes, reconciliarnos con quienes nos hemos distanciado y volver a descubrir el valor de la fraternidad.
No podemos esperar al Papa hablando de paz si seguimos alimentando divisiones; no podemos celebrar un mensaje de esperanza si nos acostumbramos a la indiferencia ante el dolor de los demás; no podemos escuchar una invitación a la unidad si no estamos dispuestos a tender puentes y superar aquello que nos separa.
La visita de León XIV puede convertirse, así, en una oportunidad para preguntarnos qué Uruguay estamos construyendo y qué lugar ocupan en él los más pobres, los ancianos que experimentan la soledad, los jóvenes que buscan un futuro, las familias que atraviesan dificultades y tantas personas que necesitan ser escuchadas y acompañadas.
Prepararnos es aprender a mirar al otro con más humanidad. Es descubrir que la fe no nos aleja de las preocupaciones de nuestra sociedad, sino que nos compromete todavía más con ellas. Es comprender que la alegría del Evangelio se vuelve concreta cuando alguien encuentra una mano tendida, una palabra de consuelo o una comunidad dispuesta a recibirlo sin juzgarlo.
Y esta preparación no es una tarea exclusiva de los católicos.
Aunque la visita tenga un significado particularmente profundo para la Iglesia, el mensaje de paz, fraternidad, solidaridad y respeto por la dignidad humana puede interpelar a todos.
Creyentes y no creyentes, personas de distintas convicciones, instituciones y comunidades estamos invitados a vivir este acontecimiento con apertura y espíritu de encuentro. Porque un país se enriquece cuando es capaz de reconocerse en su diversidad y, al mismo tiempo, descubrir todo aquello que lo une.
La visita del Santo Padre puede ayudarnos a encontrarnos, escucharnos y renovar el compromiso con una sociedad más justa, solidaria y fraterna.
DESDE LAVALLEJA
También desde Lavalleja estamos llamados a ser parte de esta preparación. No podemos sentir que un acontecimiento de esta dimensión pertenece solamente a Montevideo o a los lugares donde estará presente el Papa.
La visita nos involucra a todos.
Cada comunidad, cada parroquia, cada institución y cada familia puede aportar algo para que esta alegría llegue a todos los rincones de nuestro departamento.
Prepararnos significa conversar sobre el sentido de esta visita, rezar por sus frutos, acompañar a quienes puedan participar de los encuentros y, sobre todo, transformar la espera en gestos concretos de cercanía. Que nadie se sienta excluido de esta alegría; que también quienes están lejos de la Iglesia puedan encontrar en nuestras comunidades una puerta abierta y una palabra acogedora.
Quizá, cuando pase el acontecimiento y se apaguen las luces de las celebraciones, la pregunta más importante no sea cuántas personas participaron o cuántas imágenes recorrieron el mundo. La pregunta será otra: ¿qué cambió en nosotros después de haber recibido este mensaje?
Si somos más capaces de perdonar, si nuestras comunidades son más abiertas, si crece nuestra preocupación por los que sufren y si nos comprometemos a trabajar juntos por el bien común, entonces la visita habrá dejado una huella verdadera.
Queridos lectores, los grandes acontecimientos de la historia no se viven únicamente como espectadores. También se viven con el corazón, con la responsabilidad y con la esperanza de quienes saben que pueden contribuir a construir un mundo mejor.
Por eso, comencemos desde ahora a prepararnos.
Que la llegada del papa León XIV nos encuentre unidos, con las puertas abiertas y con la disposición de escuchar aquello que Dios quiera decirnos a través de este encuentro.
Que el Santo Padre pueda encontrar en Uruguay un pueblo que, aun en medio de sus dificultades, no ha perdido la capacidad de esperar, de tender la mano y de soñar con un futuro mejor.
Y que estas palabras, “Les anuncio una gran alegría”, no sean solamente el lema de una visita histórica, sino una invitación a renovar nuestra vida y a compartir con los demás la alegría de sabernos hermanos.
Porque cuando la esperanza se comparte, cuando la fraternidad se hace gesto y cuando el amor se convierte en compromiso, la alegría deja de ser una noticia para convertirse en una manera de vivir.
Queridos lectores, preparemos el corazón.
La alegría que esperamos también necesita de nosotros para hacerse realidad. Cristo es nuestra paz.
¡Buena semana!
Pbro. Fernando Pereira Chaparro
Cura párroco de la Parroquia “Santa Teresita”.
