Por Kevin Martínez
Cada tanto aparece una noticia que vuelve a poner un libro en el centro de la conversación. En los últimos días ocurrió con “La Odisea”, de Homero, a partir del estreno en los cines uruguayos, el 16 de julio de 2026, de la nueva adaptación cinematográfica dirigida por Christopher Nolan. Casi tres mil años después de su composición, el poema vuelve a demostrar que los grandes clásicos siguen encontrando nuevas formas de llegar al público.
No es la primera vez que el cine vuelve sobre esta historia ni será la última. Sin embargo, más allá de las películas, hay una certeza que permanece: ninguna versión puede reemplazar la experiencia de leer el poema original. Por eso, si tuviera que recomendar una lectura para las próximas semanas, empezaría justamente por allí.
A Homero solemos conocerlo antes por su prestigio que por sus páginas. Sabemos que “La Odisea” es uno de los grandes pilares de la literatura occidental, pero muchas veces la dejamos para “algún día”, como si fuera una lectura reservada para especialistas o para el ámbito académico. La sorpresa llega cuando finalmente la abrimos. Lejos de ser un texto inaccesible, encontramos una historia que sigue teniendo la capacidad de conmover.
El viaje de Odiseo de regreso a Ítaca, luego de la Guerra de Troya, es mucho más que una sucesión de aventuras. Los encuentros con Polifemo, las Sirenas, Circe o Calipso no son simples episodios fantásticos. Son pruebas que ponen en juego el carácter de un hombre que debe enfrentarse, una y otra vez, al miedo, a la tentación y al deseo de abandonar el camino. En ese recorrido aparece una de las ideas más poderosas de la literatura: el verdadero viaje no es solamente el que atraviesa mares, sino el que transforma a quien lo emprende.
Quizá por eso “La Odisea” nunca deja de encontrar nuevos lectores. Cada generación descubre algo distinto en sus versos. Algunos leen una historia de aventuras; otros encuentran una reflexión sobre la inteligencia, la paciencia o la nostalgia. Yo la leo como un libro que nos recuerda que siempre estamos regresando a algún lugar, aunque ese lugar ya no sea exactamente el mismo que dejamos atrás.
La expectativa que genera una nueva película puede ser una excelente excusa para volver a Homero. Ojalá ocurra lo que sucede con las mejores adaptaciones: que despierten la curiosidad por leer el texto que les dio origen. Porque los clásicos sobreviven precisamente por eso, porque siguen diciendo algo incluso cuando cambian los formatos y las épocas.
En definitiva, si tuviera que recomendar un clásico para leer o releer, elegiría “La Odisea”. Es una obra que demuestra que las grandes preguntas sobre el hogar, la identidad, el poder y la perseverancia siguen siendo las mismas, aunque hayan pasado miles de años.
SEGUNDA RECOMENDACIÓN: “MI NIÑERA DE LA KGB”
Mi segunda recomendación se mueve en un terreno completamente distinto. Si Homero nos lleva al mundo del mito, Laura Ramos nos invita a descubrir cómo una historia íntima puede convertirse en una extraordinaria investigación histórica.
En “Mi niñera de la KGB”, la autora reconstruye la vida de África de las Heras, una agente de la inteligencia soviética que, durante un período de su infancia en Montevideo, fue la mujer que la cuidó. A partir de ese recuerdo personal, Ramos emprende una investigación que combina archivos, documentos, testimonios y memoria para comprender quién fue realmente esa mujer.
Lo fascinante del libro es que no se limita a contar la historia de una agente de inteligencia. También muestra cómo los grandes acontecimientos del siglo XX pueden aparecer en la vida cotidiana de una familia. Sin recurrir al sensacionalismo, la autora construye un relato donde la investigación periodística convive con la memoria personal y donde las preguntas importan tanto como las respuestas.
Hay un aspecto que me interesa especialmente: Laura Ramos nunca pierde de vista a la persona detrás de la figura histórica. En lugar de ofrecer un retrato simplificado, intenta comprender las contradicciones de una mujer que vivió bajo distintas identidades y vinculada a una época marcada por el enfrentamiento político y el espionaje internacional. Esa mirada vuelve al libro profundamente humano.
Si tuviera que recomendar una obra de no ficción, elegiría “Mi niñera de la KGB”. Es un libro que demuestra que las mejores investigaciones no solo reconstruyen hechos, sino que también ayudan a comprender cómo la gran historia puede esconderse en los recuerdos más cotidianos.
Son dos libros muy diferentes entre sí. Uno nació hace casi tres mil años y el otro reconstruye una historia real del siglo XX. Sin embargo, ambos comparten una virtud: invitan a mirar más allá de la superficie. “La Odisea” nos recuerda por qué los clásicos nunca dejan de dialogar con el presente. “Mi niñera de la KGB” confirma que la realidad puede ser tan fascinante como la mejor ficción.
