A un año del triunfo electoral del Frente Amplio en Lavalleja -aquel 12 de mayo de 2025 que marcó un cambio de ciclo político-, el balance empieza a definirse menos por las expectativas y más por los resultados. Lo que en su momento fue presentado como una oportunidad de transformación hoy comienza a ser medido con el rigor propio de la gestión.
Pero hay, además, otra dimensión ineludible: ese resultado también significó el cierre de un ciclo político y el fin de las aspiraciones de continuidad del exintendente Mario García, un capítulo que todavía deja preguntas abiertas.
No es un dato menor. El cambio de signo político no implicaba únicamente una alternancia en el poder, sino la promesa de corregir prácticas, ordenar la administración y fortalecer la transparencia.
Sin embargo, a doce meses de aquella elección, el panorama muestra más continuidades que rupturas.
Uno de los problemas más evidentes es la falta de información clara y sistemática. El acceso a datos oficiales, la explicación de prioridades y la rendición de cuentas no han estado a la altura de lo que el propio Frente Amplio supo reclamar históricamente desde la oposición. Y en política, las incoherencias se pagan: lo que antes era bandera hoy aparece desdibujado.
A esto se suma una gestión que, en términos generales, parece moverse más por reacción que por planificación. Anuncios que no terminan de materializarse, proyectos que se reformulan sobre la marcha y señales económicas que generan preocupación configuran un escenario donde la incertidumbre empieza a ganar terreno.
El liderazgo político tampoco logra consolidarse. La figura del intendente Daniel Ximénez ha tenido una presencia pública intermitente, con escasa capacidad de marcar agenda y ordenar el rumbo de la administración. No se trata solo de comunicación; se trata de conducción. Y en ese plano, el gobierno departamental muestra debilidades que impactan directamente en su desempeño.
Por supuesto, la herencia recibida puede explicar parte de las dificultades. Pero ese argumento tiene un límite temporal. El primer año -aun considerando los tiempos efectivos de asunción- es el período en el que se espera que un gobierno empiece a imprimir su propia impronta. Cuando eso no ocurre con claridad, la explicación pierde fuerza y la responsabilidad pasa a ser plenamente propia.
En paralelo, el cierre del ciclo anterior tampoco ha sido completamente procesado.
La derrota de Mario García no solo implicó un resultado electoral adverso, sino el abrupto final de cualquier proyección de reelección. Sin embargo, hasta el momento, persisten silencios sobre aspectos relevantes de su gestión que hubieran contribuido a una transición más transparente y a una comprensión más completa del punto de partida del actual gobierno.
La comunicación oficial, además, ha sido errática. Apariciones puntuales, preferencia por ámbitos amigables y ausencia de instancias abiertas de diálogo con la prensa y la ciudadanía terminan reforzando una percepción de distancia que no contribuye a fortalecer la confianza pública.
En este contexto, el desafío para el Frente Amplio en Lavalleja es evidente: pasar de la narrativa a la acción. Recuperar iniciativa, ordenar la gestión, transparentar la información y ejercer un liderazgo más firme no son opciones; son condiciones necesarias para sostener la legitimidad política.
El tiempo político no es infinito. Y el crédito que otorgan las urnas empieza, inexorablemente, a consumirse. Pero también es cierto que las cuentas pendientes del pasado, si no se esclarecen, siguen proyectando sombra sobre el presente.
Pablo Melgar
