Antes de terminar de leer este texto el lector confirmará que los gobiernos -de todas las épocas- atacan a la clase media. La quieren destrozar, sacarle todo el jugo posible. Los poderosos son “intocables” y los pequeños son insignificantes para los números nacionales.
Esto es verdad en el Uruguay del año 2026 o en la Francia del año 1823. Ya se conocen los efectos de las medidas de ese tipo. En nuestros días ese criterio se reafirma en los debates económicos en la interna del Frente Amplio, el partido que resuelve la caja nacional.
Unos quieren tomar el 1% de los más ricos. Creen que es fácil. Firman un decreto y ya está. Si eso fuera razonable, no hay que ser machete, póngale un poco más. Total, es plata de otros. Tiran la idea a sabiendas de que no sale, nadie defiende un proyecto para arruinar la economía.
Otros plantean delirios como estatizar los depósitos de las AFAPs o limitar la cantidad de metros de un apartamento, típicas medidas socialistas. Saben que no llegarán a los votos ni en su propia bancada. Van como marcando terreno, generando clima para no se sabe qué cosa.
Gabriel Oddone, ese profesor de facultad tan liberal para el paladar de la izquierda, tan socialista para quienes lo conocen, pretenden que sea un Danilo Astori, catalizador de las ansiedades marxistas y las veleidades socialdemócratas. No lo está logrando.
Trabajó años en un pituco estudio de la Ciudad Vieja y se codeaba con lo más granado del mundo empresarial del país y la región. Nunca le ganó una pulseada a un sindicato, ni tuvo que pagar un sueldo. No se le conoce talento para lo importante de la política: juntar votos.
Muchos creían que Oddone era una garantía frente a los embates de los sectores más radicales de izquierda. En cierto modo, lo logró. Por ejemplo, en los últimos días marcó distancia del sueño de un nuevo Palacio Legislativo que promueve la vicepresidenta Carolina Cosse.
Sin embargo, tiene que ganarse el sueldo. Ahí se transforma en el que le justifica y enmienda los errores a la “barra” del MPP. Está habilitando un “toqueteo” a las AFAPs cuya iniciativa viene desde el PIT-CNT y tiene apoyo del piso 11 de la Torre Ejecutiva.
Estamos ante un típico burócrata de la Economía, alejado de la realidad y muy cercano a los organismos internacionales. Además, no tiene un grupo que le dé sustento político. Para colmo, este socialista timorato, de buenos modales, necesita plata.
Ahora, ya se sabe que no van por los ricos, tampoco van por los pobres. ¿Entonces? Van por los autos eléctricos. El mundo petrolero internacional vuela por los aires en medio de la guerra y en Uruguay será más caro comprar autos eléctricos.
Años promoviendo la electricidad como combustible soberano y ahora le van a poner IMESI como a los coches cero kilómetro a explosión. Una de las pocas políticas que funcionaron, esas que han dado resultado. De hecho, ya se nota que bajó el consumo de combustible fósil.
Si gasta electricidad no gasta petróleo. La electricidad se produce en Uruguay, el petróleo se importa. La guerra hizo subir el petróleo, en Uruguay sobra la electricidad.
Además, el gobierno tiene un problema político, no se anima a dar la cara. El gobierno simula no darle bolilla al asunto y obliga a los vendedores de nafta a atacar el aumento en las ventas de los coches eléctricos. ¿Por qué los vendedores de nafta no venderían electricidad?
¿Quién compra autos eléctricos? La clase media. Hace un esfuerzo grande y se juega por un auto que podrá mantener. La diferencia de costos es tan grande que hace impensable otras formas de ahorro, subsidios o ayudas sectoriales.
¿Qué otra ventaja tiene la clase media? Ninguna. Es la que paga más impuestos, la que corre más riesgos, la que banca los temporales.
En términos políticos, una porción de la clase media define gobiernos. En tiempos de paridad, sorprende que el Frente Amplio no observe este detalle. Colocar miles de cargadores sería una buena forma de empezar a gestionar la próxima campaña electoral.
Alguien que le avise a Oddone que si sigue así va a perder las elecciones. De paso, que el mismo mensajero le avise a Lacalle Pou que piense propuestas para la clase media porque, en caso contrario, es mejor que no se haga ilusiones.
Pablo Melgar
