Por Natalia Gorgoroso
Hoy lunes 2 de marzo, el paisaje de nuestras calles ha cambiado drásticamente. Atrás quedó el letargo del verano y el silencio de las mañanas de febrero. Ahora, las veredas se tiñen del blanco de las túnicas, las esquinas se llenan de mochilas relucientes y el murmullo de las familias apuradas marca el pulso de la jornada.
Comienzan las clases en todos los jardines y escuelas del país, un rito tanto cívico como emocional que moviliza a miles de hogares.
Para muchos padres, el día arrancó más temprano que de costumbre. Hubo que preparar el desayuno, ajustar la moña en el cuello, peinar el pelo rebelde y revisar por enésima vez que la mochila tuviera todo lo necesario.
Para los niños, especialmente aquellos que pisan por primera vez el patio de un jardín de infantes o de la escuela primaria, la jornada está cargada de nerviosismo, llantos esporádicos al momento de soltarse de la mano de mamá o papá, y la enorme expectativa por conocer a sus nuevos maestros y hacer nuevos amigos.
MENOS NIÑOS, LOS MISMOS DESAFÍOS
A nivel nacional, este inicio de clases moviliza aproximadamente 316.250 estudiantes. De esta multitud de voces y pasos, 237.506 corresponden a la educación primaria común y 72.655 a la educación inicial.
Sin embargo, las aulas de hoy reflejan una realidad demográfica ineludible: Uruguay tiene menos niños. Según los datos oficiales de la Dirección General de Educación Inicial y Primaria (DGEIP), la matrícula ha venido descendiendo de manera sostenida, acumulando una caída del 7,6% en los últimos cuatro años.
Esta disminución no responde a un problema de inasistencia o de falta de cobertura, sino al impacto directo de la pronunciada baja de los nacimientos que nuestro país registra desde el año 2016.
A pesar de que las aulas albergan a menos estudiantes, el desafío de educar se mantiene y con exigencias de calidad. A nivel país, el sistema busca apuntalar el recorrido de los alumnos apoyándose en indicadores que han mejorado históricamente, como la tasa de repetición global, que hoy se sitúa en el 2,0%.
NUESTRA EDUCACIÓN LOCAL
Pero, ¿qué sucede aquí, en nuestro medio? Mientras los niños atraviesan los portones de nuestras instituciones, los reportes oficiales de la Inspección Departamental nos permiten trazar una radiografía del sistema que los recibe en Lavalleja.
En nuestro departamento, la educación pública se sostiene sobre una red de 78 escuelas. De esta cifra, el corazón de la ruralidad late fuerte y claro: 56 son escuelas rurales, centros que representan el principal núcleo social de muchas familias en el campo.
A estas se suman 9 escuelas urbanas comunes, 6 de Tiempo Completo, 1 de Tiempo Extendido, 1 escuela en modalidad Aprender y 5 escuelas de Práctica. Unos 3.937 niños están matriculados de primero a sexto año en Lavalleja.
Para los padres que esta mañana miraban con cierta ansiedad el ingreso de sus hijos, preguntándose si tendrán un buen desempeño a lo largo del ciclo, los antecedentes locales traen profunda tranquilidad. Nuestro departamento cuenta con indicadores educativos que son un verdadero motivo de orgullo. La dedicación de las familias minuanas y lavallejinas se refleja de manera contundente en las aulas.
COMPROMISO DE LAS FAMILIAS
Mientras que el promedio nacional de asistencia en primaria se sitúa en 155,6 días, en Lavalleja los alumnos asisten en promedio 162,8 días al año. El total de días lectivos si un alumno no faltara nunca sería de aproximadamente 185 días: ese es el número que equivale al 100% de la asistencia esperada. La tasa de asistencia departamental alcanza un sobresaliente 87,7%.
Destaca especialmente el enorme compromiso frente al flagelo del ausentismo: el 48,1% de los escolares de nuestro departamento asiste a más del 90% de las clases dictadas en el año. Este nivel de constancia es el pilar maestro sobre el cual se afirman los procesos de enseñanza.
Lavalleja ostenta uno de los índices de repetición más bajos del país, ubicándose en apenas 1,5%, medio punto porcentual por debajo de la media nacional. Esto refleja un tránsito fluido, sano y sostenido por parte de nuestras comunidades educativas.
LA MAGIA DEL PRIMER DÍA
Más allá de los números y los promedios oficiales, lo que impera este día es el rostro humano de la educación. En la puerta de cada jardín de infantes de nuestro departamento, la escena se repite una y otra vez: docentes que reciben a los más pequeños con rondas, canciones y una paciencia inquebrantable para calmar las emociones desbordadas.
Las moñas están perfectamente atadas y los cuadernos aguardan en blanco, listos para ser llenados. Es un día de reencuentros bulliciosos en los patios. Para las familias, el regreso a clases marca también la vuelta a la rutina de los horarios, las meriendas y las tareas.
