La institución redujo la tasa de interés
Por Pablo Melgar
El Banco Central del Uruguay (BCU) dio este lunes una señal fuerte al mercado: decidió adelantar una reunión del Comité de Política Monetaria (COPOM) y reducir la tasa de interés en 100 puntos básicos, llevándola a 6,5%. Es la primera vez que el organismo toma una decisión de esta magnitud y por fuera del calendario habitual, lo que da cuenta de la preocupación por el actual escenario económico.
Con esta medida, la política monetaria pasa a terreno expansivo, es decir, busca estimular la actividad económica en un contexto donde la inflación continúa bajando y empieza a generar un problema inverso al de años anteriores.
Según explicó el presidente del BCU, Guillermo Tolosa, la inflación no solo viene descendiendo, sino que enfrenta el riesgo de ubicarse por debajo del 3%, el piso del rango de tolerancia establecido por la autoridad monetaria. De hecho, el índice se ha mantenido dentro del rango durante 31 meses consecutivos, un dato inédito para Uruguay.
A ese escenario se suma un dólar persistentemente débil, que beneficia a importadores y consumidores, pero golpea a sectores exportadores y productivos. Tolosa fue claro: Uruguay no puede revertir tendencias globales, pero sí puede evitar que su impacto local sea desordenado.
Por eso, el BCU anunció que está pronto para intervenir en el mercado de cambios si reaparecen episodios de volatilidad o movimientos bruscos. No se trata de fijar un precio del dólar, sino de garantizar una operatoria “normal” y evitar distorsiones que comprometan las metas inflacionarias.
En paralelo, el Banco Central también viene facilitando mayor liquidez en el mercado de dinero, reduciendo el stock de letras de regulación monetaria y anticipando que continuará en esa dirección.
Tolosa definió el paquete como “medidas extraordinarias”, tanto por la magnitud del recorte de tasas como por la decisión de adelantar el COPOM, algo que no tiene antecedentes recientes. El mensaje de fondo es que el BCU está dispuesto a usar todas las herramientas disponibles, sin autoimponerse límites, para sostener la estabilidad macroeconómica.
