Por Natalia Gorgoroso
Ayer, miércoles 17 de junio, a última hora, el corazón de nuestra ciudad latió con una inmensa tristeza. A través de allegados a la familia Mazzoni Morosoli, las redes sociales se convirtieron en el eco de una noticia que enluta a todo el departamento de Lavalleja: el fallecimiento de la arquitecta María Luz Morosoli Lupi.
“Mary”, como la conocíamos todos, no solo fue la primera mujer en ejercer esta profesión en nuestra tierra, sino una pionera indispensable, una docente entrañable y un ser humano de una sensibilidad extraordinaria que dedicó su vida a engrandecer nuestra cultura y nuestro patrimonio.
UNA VOCACIÓN INQUEBRANTABLE
Nacida el 28 de enero de 1930, Mary Morosoli creció respirando la inmensidad cultural de un hogar excepcional. Hija del entrañable escritor minuano Juan José Morosoli y de Luisa Lupi, llevaba en su ser tanto la poesía de las letras como la fortaleza de la construcción. Sus abuelos y bisabuelos, inmigrantes suizos e italianos, habían sido constructores, y su padre dirigía la histórica Barraca Morosoli. Ese entorno forjó su destino.
Desde muy pequeña, su pasión por el dibujo le marcó el camino. En una época donde soñar en grande exigía sacrificios inmensos, Mary dejó Minas con apenas 16 años para cursar sus estudios preparatorios en el IAVA de Montevideo. En 1949 ingresó a la Facultad de Arquitectura, enfrentándose a un mundo académico y masculino.
Tuvo que tolerar a profesores que le decían que las mujeres “no servían” para la arquitectura y el prejuicio de que los albañiles no aceptarían ser dirigidos por una mujer.
Sin embargo, su talento, su carácter templado y el profundo respeto que supo ganarse en cada obra, derribaron todos los muros. En 1954, egresó triunfante, convirtiéndose en la primera arquitecta de la ciudad de Minas.
EL PAISAJE MODERNO
Poco tiempo después de recibirse, unió su vida a la del ingeniero agrimensor Julián Mazzoni, su gran compañero, con quien formó una hermosa familia que hoy se prolonga en sus tres hijos, Julián, Juan José y Pablo, ocho nietos y once bisnietos.
De regreso en su pago, Mary Morosoli comenzó a transformar la fisonomía de Minas. Con más de 80 proyectos y una treintena de obras construidas, introdujo la arquitectura moderna en nuestro entorno.
Sus diseños, fuertemente inspirados en la escuela internacional de maestros como Le Corbusier, nunca perdieron de vista la escala humana y local. Quienes recorremos nuestras calles podemos reconocer su inconfundible huella: la delicada transición entre el espacio público y la intimidad del hogar, los patios interiores y esas características vigas superiores que coronan las fachadas como un abrazo protector sobre el padrón.
EL PIZARRÓN Y UN CORAZÓN INMENSO
Pero el legado de María Luz Morosoli no se cuenta solo en los aspectos antes mencionados. Durante décadas, fue una figura fundamental en las aulas del Liceo Nº 1 “Eduardo Fabini”, impartiendo clases de Dibujo e Historia del Arte. Varias generaciones de minuanos descubrieron la belleza del mundo a través de sus ojos.
Esa vocación docente, que solo pudo ser interrumpida por la oscuridad del período dictatorial, la convirtió en una “madre” académica para muchísimos jóvenes.
Su brillante intelecto siempre estuvo acompañado de una profunda conciencia social. Mary sufría con la desigualdad y levantó la voz repetidas veces por las dificultades de las familias más vulnerables para acceder a una vivienda digna.
Su amor por el prójimo no se quedó en palabras: ya jubilada, dedicaba gran parte de su tiempo a tejer abrigos para los niños de las escuelas rurales de nuestro departamento.
LA COMUNIDAD
La noticia de su partida desencadenó una catarata de homenajes que reflejan el amor que sembró. Su partido político, el Frente Amplio de Lavalleja, la despidió con enorme pesar destacándola como “de esas compañeras imprescindibles, con una gran calidad humana y sensibilidad”, enviando un abrazo fraterno a su familia y un sentido “Hasta siempre Mary”.
La edil Luisa Mazzoni Píriz, nieta de Mary, en un mensaje cargado de poesía y dolor, resumió lo que significaba para quienes la rodeaban: “Ella… María Luz. Luz. Magia. Sabiduría. Experiencia. Ejemplo de mil maneras. Amor de tantas formas”.
Por su parte, el arquitecto y director de Ordenamiento Territorial y Urbanismo de la Intendencia, Felipe De los Santos, quien fue el impulsor en 2021 de su declaración como Ciudadana Destacada de Lavalleja (Decreto Nº 3700 de la Junta Departamental), expresó: “Nos toca despedir a María Luz Morosoli, ‘Mary’. Arquitecta, docente, pionera de nuestra profesión en Lavalleja. Deja un enorme legado en la comunidad del departamento, no solo por su destacado desempeño profesional sino también por su calidad humana”. Y recordó las palabras que él mismo escribió hace unos años: “Una mujer sensible e inteligente, que ha dejado en todas las personas que la conocemos su fraterna huella”.
Además, el edil Gerardo Palumbo, del Partido Colorado, la despidió escribiendo: “Hasta siempre Mary La primera mujer arquitecta de Minas. La conocí el día que llenábamos la plancha de la capilla de la Casa de la Juventud. Ella pidió parar y trepó por el encofrado de la escalera para ver cómo iba la obra”.
“Luego, cuando yo publicaba artículos en diario SERRANO, ella me paraba en la calle, me llamaba, o me dejaba una esquela en el diario con algún aporte, comentario, o corrección; se convirtió así en mujer de consulta sobre historia urbana de Minas. Resumo entonces que para mí fue más docente que arquitecta; su obra arquitectónica se aprecia en nuestra ciudad, mas su obra espiritual anda en arquitectos que ella alentó desde sus clases liceales, o en periodistas que ella instruyó”, remarcó Palumbo.
DESPEDIDA
Hace apenas dos años, el Liceo “Fabini” fue testigo de la presentación del libro “Arquitectas uruguayas, trayectorias de las primeras generaciones”, donde su trayectoria fue elogiada y analizada. Allí, su hijo Juan José, también arquitecto, invitó a los jóvenes a interactuar con su obra, afirmando que “el producto de la actividad creadora se defiende solo”.
Hoy despedimos físicamente a la primera arquitecta del departamento, pero María Luz Morosoli nunca se irá del todo. Su luz, esa magia a la que hacían referencia quienes la amaban, seguirá habitando en las fachadas que dibujó, en el patrimonio que defendió con uñas y dientes, y en el recuerdo imborrable de una ciudad que hoy, de pie y con el corazón en la mano, le da las gracias para siempre.
