Por Pablo Melgar
Un viejo adagio del periodismo, cada vez menos reconocido, dice que “las opiniones son libres y los hechos son sagrados”. Es decir, el compromiso básico de los periodistas es dar a conocer los hechos de manera inobjetable. Fuera de ellos, el público —y hasta el propio cronista— pueden tener visiones diferentes. Nadie debería enojarse por ello.
Vamos a los hechos.
Ayer, 1º de mayo, el acto “antiimperialista” del Pit-Cnt de Lavalleja se realizó como siempre, sin variantes. Parecía que nada hubiera cambiado en el departamento. Ni el intendente, Daniel Ximénez, ni la secretaria general, Arianna Bentos, participaron de la celebración sindical. Sí estuvo la número tres de la comuna, Yliana Zeballos. Hubo poco público.
Más hechos.
En Montevideo, el presidente de la República, Yamandú Orsi; la vicepresidenta, Carolina Cosse; casi todos los ministros de Estado, presidentes de organismos y los principales referentes del Frente Amplio participaron del acto del Pit-Cnt. Aquí también el público fue escaso.
Después de los aplausos y algunos reproches, políticos y sindicalistas se trasladaron al “Quincho de Varela”, en Rincón del Cerro, para compartir un asado en el que habló el presidente.
Otros hechos.
El principal orador del acto central de este año —léase, Montevideo— fue José Lorenzo López, líder de la poderosa COFE, el sindicato de los funcionarios del Estado central, ministerios y sus dependencias directas. Es uno de los viejos dirigentes que aún permanecen. López, conocido como “Joselo”, evita ser explícito sobre su pertenencia política.
Oriundo de Flores, se lo ubica como votante del Frente Amplio, sin definirse por sector alguno, algo fundamental en la disputa sindical. Hay quienes sostienen que López fue colorado e incluso que militó en filas pachequistas, aunque nunca se pudo probar.
Durante los gobiernos del Frente Amplio tuvo enfrentamientos muy duros; uno de ellos lo llevó ante la Justicia, que lo procesó por “tortura”. Más tarde, López logró revertir el fallo y obtener una indemnización importante del Estado en la Justicia civil.
Historia.
Durante años, el dirigente estatal mantuvo una disputa con el histórico Richard Read. Fue durante los primeros quince años del siglo XXI.
Eran tiempos en que Fernando Pereira, hoy presidente del Frente Amplio, lideraba la corriente Articulación, mientras que Marcelo Abdala se posicionaba como líder de la corriente del Partido Comunista, sucediendo a Juan Castillo. El “independiente” era Joselo, que reunía a los sindicatos díscolos en la Mesa Representativa. Todos votantes del Frente Amplio.
En un comienzo, el choque era político. El cervecero Read defendía al ministro de Economía, Danilo Astori, mientras López exigía aumentos para los estatales. Con el tiempo, ambos comenzaron a marcar territorio a través de su gestión sindical, en una suerte de competencia entre gerentes.
Un día, Read apareció con un acuerdo que establecía la jornada de seis horas de trabajo para gran parte de su gremio. Fue un escándalo.
Luego apareció López. Traía bajo el brazo un acuerdo con un aumento del 23% por encima de la inflación para los trabajadores del INAU. Otro escándalo.
Durante el acto del 1º de mayo de 2013, Read fue el orador principal. Su discurso fue duramente crítico con la dinámica de la central sindical y muy severo con las prácticas de los sindicatos que defienden a trabajadores que incumplen con su tarea. Aquello fue bien recibido incluso por las cámaras empresariales y los partidos tradicionales.
Los ecos de aquel discurso llegan hasta hoy. El dirigente cervecero, ya retirado, lo sigue mencionando en sus intervenciones públicas.
Ayer, López hizo algo similar.
“Nosotros debemos también repensarnos como organización que nuclea a los trabajadores. Debemos corregir errores que hemos cometido y plantearnos nuevos desafíos. Pensar el Uruguay de hoy desde una visión inamovible centrada en la unidad es un error histórico que nos aleja cada vez más de las necesidades de la clase trabajadora. Hay que pasar a la ofensiva y proponer una revolución al interior de nuestro movimiento sindical”, afirmó.
Esa “revolución” o “autocrítica” desemboca en la vieja idea de captar a pequeños empresarios o empresas unipersonales para, “de alguna forma”, representarlos, explicó.
Opiniones.
En el Frente Amplio —como en todos los partidos políticos— conviven contradicciones de distinto tamaño e impacto. La diferencia es que, en el partido de gobierno, existen “socios” no políticos que operan abiertamente; en esa línea se ubica el sindicalismo desde hace años.
Nunca queda claro si el Frente Amplio es el brazo político del Pit-Cnt o si la central sindical es el brazo fuerte y callejero del Frente Amplio. Lo cierto es que ambas entidades atraviesan una crisis de credibilidad.
Desde hace varios años, el sindicalismo figura entre las organizaciones menos representativas y peor valoradas por la sociedad. El escaso público en los actos de ayer es parte de esa percepción. Menos de 200 personas en el acto de Minas y apenas algunas cuadras ocupadas en Montevideo resultan elocuentes.
Es cierto que las izquierdas, en todas sus expresiones, están perdiendo terreno en el mundo. Los discursos utópicos ya no convencen como antes: la información está al alcance de cualquiera y, con ella, también las soluciones pragmáticas, sin demasiados adornos.
Las derechas vienen dando sorpresas en distintos países. Ese fenómeno llegará a Uruguay más temprano que tarde. También lo hará en Lavalleja.
