En los tiempos medievales todo era lento. Ser nombrado caballero, en los templarios en particular, exigía una preparación espiritual diferente, era un paso muy importante. La noche anterior se pasaba rezando, pidiendo por esa vocación de guerrero y sacerdote al mismo tiempo.
Era un esfuerzo previo a un gran desafío. El futuro caballero ya dominaba las artes de la guerra y había conseguido templar su espíritu, ahora venía la batalla. Eso era velar las armas.
Esa lentitud permitía al futuro caballero hacer una reflexión antes de un momento importante, que cambiaría su vida para siempre, y si era preciso, podía cambiar su decisión.
En este fin de semana las bancadas del Frente Amplio y del Partido Nacional estarán velando armas.
De un lado el oficialismo, con sus 16 votos que le confiere la Constitución al partido ganador, y sus dos votos colorados, Luis Carresse y el coronel Julio C. Sánchez.
En la otra punta del ring estará la bancada del Partido Nacional y el edil colorado Néstor Calvo. Difícilmente pueda darse un cambio que lleve a otra situación. De todos modos, esto es la política…
El lunes 23 de marzo comienza la votación por el Presupuesto Quinquenal en la Junta Departamental, el primero redactado en un gobierno del Frente Amplio. Para algunos temas se requieren 16 votos para su aprobación, para otros 19.
Las conversaciones están a la orden del día.
Hasta ahora se supo de una: el secretario del intendente, Gonzalo Suárez, llamó a la alcaldesa del Municipio de Varela para pedirle sus buenos oficios ante su partido político. No consiguió nada.
Es una batalla un poco extraña. No tiene líderes en el terreno. Los del Frente Amplio tienen al intendente, Daniel Ximénez, en el exterior, presuntamente en Estados Unidos, cumpliendo su segundo viaje privado al exterior en ocho meses de gestión. Asimismo, la número tres de la gestión, Yliana Zeballos, está fuera del país.
A su vez, los alcaldes blancos de Mariscala y Solís de Mataojo también se encuentran lejos del pago.
Del otro lado, el de los nacionalistas, no hay un interlocutor claro. La mayor parte de las fuentes blancas consultadas -unas cuantas, por cierto- desconocían quién está a cargo de la Departamental Nacionalista de Lavalleja. Todos suponen que sería el último intendente blanco, Mario García, pero no hay certezas. García ha resuelto no hacer comentarios a la prensa desde que perdió las elecciones departamentales.
No obstante, en ámbitos de la comuna departamental funcionarios de larga trayectoria, conocedores de la gestión y sus vericuetos políticos, no descartan algún acuerdo o acercamiento entre el actual y el anterior intendente a la vista de ciertos movimientos de funcionarios identificados con García.
En todo caso, estaríamos frente a un acuerdo que nunca podremos confirmar, hasta que ambas partes lo confirmen o desmientan.
Lo cierto es que todo el debate local no es ideológico.
El proyecto que envió el ejecutivo a la Junta Departamental no es ni de izquierda, ni de derecha. No contiene un plan de obras y se limita a proponer ciertos cambios en la gestión del personal, inocuos para la población en general. El Presupuesto es el ADN del gobierno.
Ahí tenemos una primera conclusión: aquí no estamos ante un gobierno de izquierda, este es el accionar de un grupo de pragmáticos con ganas de mostrar músculo político.
Lo que es de interés político es el ya famoso plan de “secretarios” para los alcaldes. Si nos vamos al Renacimiento italiano y le pedimos una opinión a Nicolás Maquiavelo, el célebre pensador florentino, se sonrojaría y volvería sobre sus pasos.
Desde que el Frente Amplio llegó al gobierno de Lavalleja se dedicó a seducir a los alcaldes, todos blancos, menos el de Batlle y Ordóñez, colorado. Metódicamente fue entregando todo lo que se le pidiera.
Hubo fiestas en cada pueblo, fotos con el intendente, redes sociales oficiales para todos. Alguna promesa de obras y algún camión de balasto. La gran Maquiavelo. Algo de pan y mucho de circo.
Poco tiempo después, el Partido Nacional está quebrado en dos partes. Unos, los ediles, en pie de guerra contra el intendente y otros, los alcaldes, abrazados al intendente.
Es comprensible. Aquí no hay amor, tampoco ideología. Esto es por plata. La billetera la tiene el intendente, el resto puede esperar. Los alcaldes necesitan fondos para sus comunidades.
Para colmo, los blancos no tienen caudillo que tome decisiones políticas, porque los acomodos los puede hacer cualquiera. No hay coordinación posible, tampoco hay mando político.
Por eso, Ximénez entregó dos secretarios a cada alcalde, todos los tomaron, menos el experimentado Francisco De la Peña, de Mariscala. Rápido de reflejos, dijo que le alcanzaba el personal que tenía. Y no entró en el corral de ramas.
Ahora los alcaldes le tienen que explicar a sus secretarios que se tienen que ir porque sus compañeros blancos votaron en su contra en la Junta Departamental. Gol de Ximénez. Llegó al gobierno y en ocho meses quebró al Partido Nacional.
Ningún referente del Partido Nacional logró frenar este desastre táctico. Nadie advirtió a los alcaldes sobre esta maniobra infantil. Un médico, con apenas 122 votos más que los blancos, metió dos zarpazos históricos. Ganó las elecciones y quebró al partido ofreciendo migajas.
Debería ser un día muy triste para la colectividad de Manuel Oribe y Wilson Ferreira, el ego de algún mandón se llevó conversando lo mejor del partido: la unidad.
Todo esto ha sido muy rápido y queda tiempo para recuperarse.
Pablo Melgar
Foto: Intendente Daniel Ximénez y autoridades comunales reunidos con los alcaldes de Lavalleja en agosto de 2025 (archivo).
