Florencio Sánchez (1875 – 1910) siendo niño vivió en Treinta y Tres y a causa del fallecimiento de su padre se trasladó a Minas, para estar tutelado por su tío paterno, el escribano Antonio Sánchez. Concretamente su domicilio fue en la intersección de las calles 25 de Mayo y Marmarajá (hoy José Batlle y Ordóñez) donde era la residencia del profesional (en la actualidad es un salón de fiestas). Ahí vivió su niñez y parte de su juventud en Minas.
Concurrió a la Escuela de Varones (hoy Escuela N°1 “Artigas”) y fue su maestra la poetisa Olegaria Machado Amor.
Muy tempranamente se vinculó a la prensa local y publicó en “La Voz del Pueblo” artículos periodísticos que firmaba con el seudónimo “Jack (sin destripador)”. En ellos se mostraba crítico de la sociedad de la época, de sus dirigentes y, con humor a veces ácido y satírico, ridiculizaba hechos y protagonistas.
“ADIVINA ADIVINADOR”
A modo de ejemplo del tenor de sus notas, transcribimos lo que en 1891 publicara en “La Voz del Pueblo”, con el título “Adivina adivinador”:
“Seguro que de esta vez ciertos ESCRIBIDORES adivinan quien soy.
Andan tejiendo y tejiendo y no pueden dar conmigo.
Molestan a un pobre empleado que no se mete en nada y que quizás no sabe otra cosa que despachar pasaportes al Cementerio.
Amenazan por medios de remitidos a personas respetables, que maldito se ocupan de pequeñeces.
Revuelven medio pueblo, preguntan aquí y allá, y el pícaro Jack no aparece.
Debo ser el mismo demonio en carne, porque por más que me buscan y rebuscan, no me encuentran, estoy a la vista de todos y nadie me ve.
Pero miren, ¿quieren encontrarme? Pues, tomen un poquito de aquello con que según dicen las malas lenguas, Quevedo hizo adivinar a unas muchachas.
O si no quieren, por el mal gusto, tomar eso, manden dos padrinos que me busquen entre los santos del almanaque (con esto no quiero decir que sea santo) y si me encuentran estoy a disposición de ustedes.
Y si tienen miedo esperen que yo les voy a decir quién soy.
Porque no hago como ustedes; no tiro la piedra y escondo la mano.
Yo soy un pobre individuo que si no pongo el nombre al pie de mis sátiras es de miedo que alguno se vaya a ofender y perdamos las amistades.
Con esto me parece que tienen bastantes señas y si no me encuentran voy a quedar plenamente convencido de que soy el diablo. Porque hasta estoy adivinando lo que pasa en otras partes sin moverme de mi casa.
Miren ustedes; yo no sé cómo he venido a descubrir que uno de los fabricantes de remitidos de esta localidad tiene el retrato en una Oficina de Policía de la Capital.
Como ha ido a dar allí el retrato, es cosa que aún no he podido saber.
Pero sea diablo o lo que fuere no quiero que se rompan la cabeza para encontrarme, así es que cuando quieran algo, aquí estoy yo. Jack”.
“LA CONCURRENCIA EN CONTINUA HILARIDAD”
También en Minas comienzan a gestarse sus vinculaciones con el arte escénico. Son los primeros antecedentes de Florencio Sánchez en la dramaturgia del Río de la Plata. Lo hizo como actor teatral y también como guionista.
El 25 de agosto de 1891 se presentó en el “Teatro Unión” un cuadro de aficionados dirigidos por Francisco E. Silva, representando “Marcela o ¿A cuál de las tres?” de Bretón de los Herreros. Actuaron las señoritas Eustaquia Silva y Felipa Beracochea y los jóvenes Antonio Álvarez, Isidro Borda, Ramón Orique y Florencio Sánchez.
En referencia a la actuación que le cupo a Florencio dice “La Voz del Pueblo”:
“Estuvo felicísimo el encargado del difícil papel cómico de la obra, pudiendo afirmarse que ningún aficionado, haría un Agapito más afeminado, más almibarado que el joven actor, que mantuvo a la concurrencia en una continua hilaridad, que se convertía a cada momento en fuertes aplausos”.
Por aquellos años el Club Progreso acostumbraba a realizar veladas literario-musicales, en las que Florencio Sánchez, animado por un espíritu inquieto y creador, se transformaba en principal protagonista, aportando composiciones humorísticas de su autoría.
EL ESCRIBIENTE IMPUNTUAL
Sánchez ocupaba un cargo de “escribiente” en la Junta Económico Administrativa (JEA) de la época.
El destaque de sus sátiras periodísticas lo singularizaban en el medio, y mayor notoriedad aún cobró su persona, cuando el 31 de marzo de 1892 la Junta dispuso la separación del cargo del joven Sánchez -en ese entonces tenía 17 años de edad- por “no asistir con puntualidad a la Oficina” y, según algún otro testimonio, “por inepto”.
En la opinión popular la causal fue un desquite de los miembros de la Junta por las continuas sátiras a que eran objeto, directa o indirectamente, en la pluma de Florencio Sánchez. Algunos días antes de esta resolución sancionatoria Florencio había publicado en “La Voz del Pueblo” un drama de carácter joco-burlesco titulado “Los Soplados”, en que los personajes eran los miembros de la JEA.
El damnificado realizó la apelación correspondiente con la pretensión de ser repuesto en el cargo, pero el 27 de agosto y con la firma del entonces presidente Julio Herrera y Obes, se resolvió “Aprobar la separación de Dn. Florencio A. Sánchez del cargo de Auxiliar de la Junta E. Admva. de Minas”.
Pocos días después Florencio Sánchez abandona la serranía minuana. Su espíritu anarco lo motiva a buscar otros horizontes más allá de los cerros y los encontrará, para bien de la cultura y su gloria personal…
Oribe Pereira Parada
