Los padres del General Fructuoso Rivera, don Pablo Perafán de la Ribera y su esposa doña Andrea Toscano, lograron poseer una cuantiosa fortuna integrada por campos, comercios y empresas.
En lo que respecta a campos, se conoce fueron dueños de:
– Estancia en el arroyo de la Virgen, que según tradición allí fue visitado don Frutos por Juan Manuel de Rosas en 1824, para interesarlo en la campaña libertadora de 1825.
– Una estancia en Rincón de Castro.
– Estancia entre los arroyos Grande y de Averías.
– Una estancia en Durazno, sobre el río Negro, entre los arroyos Tala y Molles de Quinteros.
– Estancia en Chamizo.
– Estancia en puntas del arroyo Pintado, donde probablemente nació Fructuoso Rivera.
– Una chacra en orillas del arroyo Miguelete.
Este patrimonio, sumado a otras inversiones, fueron legados a sus descendientes. Y por su parte don Frutos agregó a su cuota el aporte de su esposa Bernardina.
La historia ha demostrado, a través de su acción personal y gubernativa, que fue desorganizado con las finanzas públicas y terminó sus días en la más absoluta pobreza, sin capital personal.
“NUESTRO GENEROSO RIVERA…”
Fueron más de cuatro décadas de servicio a la Patria. En todo momento -en el error o acierto- dispuso de sus bienes, sin limitaciones, en pro de la causa.
Ya Artigas al comunicar a Miguel Barreiro el triunfo de Rivera en el combate de la Azotea de González (4 de noviembre de 1814) hacía referencia a la personalidad de Rivera, destacando: “Algunos enemigos pagaron su obstinación con la muerte a la intrepidez de la caballería charrúa y otros rindieron sus armas a nuestro valiente y generoso Rivera”.
Las numerosas cartas que intercambiaba con su “amada Bernardina” son elocuentes testimonios de desprendimiento material para causas solidarias.
Durante le Guerra Grande, desde Paysandú, en agosto de 1840, le manifiesta con preocupación: “… lo que más me apura es este mundo de mujeres y niños reducidos a la suma indigencia tanto del país como las que han llegado emigrados del Entre Ríos. Unas 500 viejas me traen rodeado; hace 4 días no me dejan un momento…”.
En el mes de diciembre del mismo año le escribe a Bernardina: “… las gentes no me dejan; todo el mundo está a pedir y yo no tengo nada que darles…”.
“SI PUEDE VENDER QUE LO HAGA”
Penurias, extrema necesidad y compromiso con su gente llevan a Rivera a expresar a su esposa una decisión trascendente. Desde el Durazno, en abril de 1841 escribe: “…porque quiero prevenirte que has de decir a Pedro Pablo que si puede hipotecar o vender la quinta de Miguelete con todos los terrenos hasta la cuchilla de Manga, que lo haga, pues se necesita plata para las atenciones de guerra; que no se reserve nada, sólo tu quinta del Arroyo Seco donde vives con nuestra familia. Si se puede hipotecar para esto la casa del comandante F”.
Las demandas de la guerra parecen no tener fin: “Mi amada Bernardina … Yo he tenido mis sinsabores; no son extraños con el cúmulo de atenciones que me rodean y la falta de medios para sufragar los inmensos gastos que demanda la preparación de un Ejército grande, lleno de necesidades y rodeado también de amigos pobres que todos piden con necesidad … me falta plata, que pido con insistencia al Gobierno. Yo ya no puedo por mi hacer más; ya he dispuesto de los ganados que se están entregando; amalaya hubiese quien quisiera comprar los terrenos y todo lo que nosotros poseemos, pero esto no será fácil en las circunstancias y se irá marchando como se pueda…”.
Por parte de su esposa Bernardina Fragoso, mujer que le amó, sufrió y le comprendió, vivió también rodeada de desamparados, angustiada por guerras y ausencias, apremiada por necesidades y preocupada por quienes le rodeaban. No podía aceptar invitaciones por “no tener ropas para cubrirme en forma decente…”.
Oribe Pereira Parada
