Hay escenas que condensan más significado político que muchas páginas de discursos. En ocasiones la política se expresa en programas, documentos o cifras. Otras veces en arengas partidarias y debates parlamentarios. Pero también existe una dimensión más silenciosa del poder: la del gesto, el símbolo y la escena pública.
Eso fue lo que ocurrió el sábado en el desfile de la Fiesta de la Patria Gaucha, en Tacuarembó.
El ex presidente Luis Lacalle Pou pasó a caballo frente al palco oficial. Lo hizo sin golilla y con paso sereno. Llevaba un sombrero que probablemente habría generado discusión entre los más puristas del mundo criollo -un universo donde los códigos también importan- y un facón grande, de los que en el campo se miran con respeto.
No era una escena teatral ni una caricatura folklórica. Era una presencia.
En el palco oficial se encontraban el presidente Yamandú Orsi y el intendente de Tacuarembó. Cuando el jinete pasó frente a ellos, ambos aplaudieron.
El gesto, aparentemente menor, fue probablemente el hecho político más elocuente de la jornada.
Los desfiles criollos -como muchas ceremonias del Uruguay profundo- tienen una dimensión cultural que trasciende el espectáculo.
Allí no se discuten programas de gobierno ni indicadores económicos. Pero sí se expresa algo que en política pesa tanto como los números: el prestigio, el reconocimiento social, la legitimidad simbólica.
El aplauso de un presidente en ejercicio a su antecesor admite varias interpretaciones. Puede ser, en primer lugar, un gesto de cortesía institucional, un recordatorio de que la alternancia democrática no cancela el respeto entre quienes ocuparon el mismo cargo. También puede leerse como una señal de civilidad política, un rasgo que históricamente ha distinguido a la democracia uruguaya.
Pero hay una tercera lectura posible, más propiamente política.
Ese aplauso puede interpretarse como el reconocimiento implícito de que quien pasaba a caballo no es simplemente un ex presidente que observa la escena desde la distancia, sino un actor que conserva peso en el tablero.
En política, el silencio suele ser más expresivo que muchas declaraciones. Y el desfile del sábado tuvo algo de anuncio sin palabras.
Lacalle Pou no habló. No formuló consignas ni insinuó candidaturas. No hubo acto partidario ni proclamación. Simplemente pasó a caballo.
Sin embargo, la escena difícilmente pueda leerse como la de un dirigente retirado.
Más bien pareció el gesto inicial de alguien que se dispone a recorrer un camino largo.
En Uruguay las campañas rara vez comienzan de manera formal. No empiezan necesariamente con actos partidarios, jingles o conferencias de prensa. A menudo se anuncian de forma más sutil, a través de señales que el sistema político y la opinión pública saben interpretar.
Pablo Melgar
