Por Pablo Melgar
Los pasillos de la Intendencia de Lavalleja fueron escenario este lunes de una versión que, según funcionarios consultados, ya circulaba desde hace semanas: la administración departamental estaría evaluando cortar las horas extra.
La posibilidad no tomó por sorpresa a buena parte del personal municipal, aunque otros aún esperan una comunicación oficial que confirme la medida.
En los hechos, la eliminación o reducción significativa de las horas extra implicaría una baja inmediata en los ingresos de numerosos trabajadores y un eventual ajuste en algunos servicios que hoy funcionan con extensiones horarias. Para muchos funcionarios, las horas extra forman parte habitual de su salario mensual y representan un complemento importante para sostener la economía familiar.
“SE VEÍA VENIR”
La preocupación se instaló rápidamente en distintas dependencias municipales. “Era algo que se veía venir”, comentó un funcionario con más de una década de antigüedad en la comuna. Otro trabajador señaló que “todavía no hay una resolución oficial, pero el comentario está en todos lados”.
Fuentes sindicales indicaron que la principal explicación que se maneja es la necesidad de reducir gastos ante una situación financiera cada vez más ajustada. En ese contexto, varios funcionarios apuntan al incremento del gasto en cargos jerárquicos y salarios altos dentro de la estructura municipal.
En conversaciones informales, algunos trabajadores mencionan lo que denominan el “Club de los 100.000 pesos”, en referencia a remuneraciones superiores a esa cifra.
CONTRATADOS
Aunque desde la Intendencia no se emitió hasta el momento un pronunciamiento público sobre el eventual recorte de horas extra, el tema se sumó a otra inquietud aún mayor: el vencimiento, el próximo 31 de julio, de los contratos del personal contratado que no integra la plantilla presupuestada.
Se trata de trabajadores que, en muchos casos, llevan años desempeñando funciones permanentes dentro de la institución. Hay administrativos con cinco, diez, quince y hasta más de veinte años de trabajo continuo que nunca lograron acceder a un cargo presupuestado. Algunos no aprobaron los concursos realizados en distintas etapas; otros quedaron fuera por no alcanzar la antigüedad requerida cuando se abrieron procesos de regularización.
La situación es especialmente sensible porque muchos de esos funcionarios cumplen tareas esenciales en oficinas administrativas, servicios operativos y áreas técnicas. “No estamos hablando de contratos recientes; hay gente que ha hecho toda su vida laboral acá”, expresó un trabajador consultado.
CRITERIOS
Entre los funcionarios también existe malestar por los criterios de evaluación utilizados en algunos procesos de presupuestación. Varios sostienen que las calificaciones dependen en gran medida de los superiores inmediatos y cuestionan la incidencia de consideraciones políticas en esas evaluaciones.
“Muchas veces quienes califican son referentes políticos o personas vinculadas a determinados sectores”, afirmó un funcionario que pidió reserva de identidad.
SEGUIMIENTO SINDICAL
Fuentes de ADEOM Lavalleja confirmaron a SERRANO que la administración está evaluando la situación de los contratos y que el sindicato sigue el tema con atención.
La organización sindical mantiene contactos con trabajadores de distintas áreas y espera conocer en los próximos días cuál será la decisión oficial del gobierno departamental.
La incertidumbre se extiende a cientos de familias que dependen directa o indirectamente del empleo municipal. En Minas, donde la Intendencia es uno de los principales empleadores del departamento, cualquier ajuste en la masa salarial tiene un impacto que trasciende las oficinas públicas y se refleja en el comercio y en la actividad económica local.
EXPECTATIVA
Por ahora, el escenario es de expectativa. Los funcionarios aguardan definiciones sobre dos asuntos que consideran centrales: si efectivamente se recortarán las horas extra y qué ocurrirá con los contratos que vencen a fin de mes.
Mientras tanto, en los corredores de la sede comunal predominan las conversaciones en voz baja, las consultas entre compañeros y la sensación de que se aproxima una etapa de cambios para la administración departamental.
