Este viernes por la mañana se llevó a cabo la ceremonia de entrega de 16 viviendas correspondientes al realojo de los asentamientos Arrospide y Paul Harris. El acto, encabezado por el intendente Dr. Daniel Ximénez, la ministra de Vivienda y Ordenamiento Territorial, Tamara Paseyro, y la directora de Integración Social y Urbana (DINISU), Silvana Nieves, marca un paso importante en un proceso que comprende un total de 43 viviendas nuevas.
El proyecto, desarrollado por la DINISU junto a la Intendencia de Lavalleja, no solo implica la construcción de casas, sino una intervención urbana integral en la zona de Las Delicias y la regularización de las viviendas que permanecen en el territorio.
Desafío técnico y humano
En entrevista exclusiva con SERRANO, el arquitecto Miguel Arrospide, jefe del proyecto ejecutivo, relató los pormenores de esta compleja intervención. Convocado directamente por el ex intendente Mario García, con quien comparte una amistad desde la escuela, Arrospide lideró un equipo técnico conformado por el arquitecto Gonzalo Zuasnábar, el ingeniero Pablo Serrón y la asistente social Isabel Palma.
«Fue un gran desafío para mí y para el equipo. Se trataba de cambiarle la cara a dos barrios muy complicados de Minas, donde la palabra ‘hacinamiento’ calzaba perfecto», explicó Arrospide.
Según el relevamiento, el asentamiento Arrospide albergaba entre 80 y 85 familias en apenas dos manzanas, con múltiples núcleos familiares conviviendo bajo el mismo techo.
Por su parte, el asentamiento Paul Harris, conocido como Kennedy, aunque más pequeño con unas 15 familias, presentaba condiciones de pobreza material extrema y difícil acceso.
Una casa digna
Uno de los pilares del proyecto fue la calidad constructiva. Arrospide enfatizó que la premisa fue diseñar «vivienda digna», alejándose de soluciones precarias.
«Yo me planteé hacer una vivienda donde yo viviría. Peleamos para que los pisos fueran de cerámica y no de pórtland, para que las mesadas fueran de granito y para que hubiera previsión de conexiones para lavarropas y aire acondicionado», detalló el arquitecto.
Las nuevas viviendas, que varían en tipologías de dos, tres y cuatro dormitorios, se construyeron en terrenos delimitados y amojonados, un cambio radical para familias acostumbradas a la falta de límites claros y títulos de propiedad. «Esto les da un marco legal, un número de puerta, una dirección. Pasan a integrar la civilización urbana de la que estaban excluidos», agregó.
Urbanización e integración
El Plan Avanzar no solo contempla el realojo de quienes vivían en zonas de apertura de calles o en condiciones irrecuperables. También abarca la regularización y mejora de las viviendas que quedan en el barrio.
Durante 2024, el equipo técnico realizó un diagnóstico «casa por casa» para definir intervenciones: desde la construcción de baños completos para quienes no los tenían, hasta el cambio de techos, aberturas y pisos. A esto se suma la infraestructura pública: saneamiento, alumbrado, veredas y espacios públicos de calidad.
«No es solamente mejorar la casa, se mejora el barrio entero. La casa queda mejor, pero el entorno también, con calles donde antes había trillos e inundaciones», señaló Arrospide.
Deuda histórica saldada
El arquitecto destacó el escepticismo inicial de los vecinos, fruto de décadas de promesas incumplidas desde la salida de la dictadura. Hoy, esa desconfianza da paso a la realidad de la llave en mano.
«Me llenó de satisfacción que dos compañeros de la Escuela N.º 2 hoy, 40 años después, estuviéramos cambiando la vida de esta gente. Es una de las movidas sociales más importantes de los últimos tiempos en Minas», concluyó Arrospide.
Mientras se celebran estas primeras 16 entregas, el trabajo continúa. Las obras de regularización y urbanización para las familias que permanecen en el barrio se proyectan para continuar avanzando, consolidando un cambio definitivo en la trama urbana y social de Minas.
