Dos días de llamas, más de 270 hectáreas arrasadas y una ciudad en vilo entre los cerros y el
vertedero.
Minas vivió uno de los fines de semana más críticos de los últimos años. Durante casi 48 horas,
el fuego avanzó sin tregua sobre los cerros que rodean la ciudad, obligó a un despliegue
inédito de recursos y mantuvo en vilo a cientos de vecinos. Al cierre de esta edición, si bien el
incendio principal fue contenido, Bomberos mantenía bajo estricta vigilancia varios “puntos
calientes” tanto en el barrio La Coronilla como en la ladera del cerro Verdún, mientras un
nuevo foco encendía las alarmas en el Vertedero Municipal.
Todo comenzó el viernes, con un foco sospechoso en la zona del barrio La Coronilla. Lo que
parecía un episodio controlable se transformó rápidamente en una batalla campal contra las
llamas. El sábado 27, cerca de las 11:00, el aumento de la intensidad del viento cambió por
completo el escenario: el fuego tomó dirección al cerro Verdún y puso en riesgo inmediato a
viviendas, instalaciones y símbolos urbanos.
La respuesta fue masiva. Bomberos, personal militar, maquinaria de la Intendencia y apoyo de
ANCAP trabajaron de forma coordinada para levantar cortafuegos que, sobre las 15:00 horas,
lograron frenar el avance hacia las casas del barrio. Sin embargo, la tensión no cedió. Pasadas
las 17:00, el fuego coronó el cerro de la Antena y descendió peligrosamente hacia la capilla del
Verdún, obligando a redoblar esfuerzos y movilizar maquinaria pesada desde la Ruta 12.
La noche del sábado dejó imágenes que quedarán grabadas en la memoria colectiva: las llamas
iluminando las letras monumentales de “MINAS”, mientras brigadas combatían focos activos
en zonas de acceso casi imposible y evitaban que el incendio alcanzara la Ruta 8.
El domingo 28 comenzó con un nuevo desafío. A las 5:30 se confirmó que el fuego había
ingresado a un monte nativo de altura, lo que obligó a modificar la estrategia para proteger
plantaciones privadas y áreas forestales comerciales.
Al mediodía, el jefe del Destacamento de Bomberos de Minas, oficial principal Juan Gabriel Aria, confirmó que el siniestro había afectado unas 270 hectáreas y destacó el refuerzo de dotaciones de Piriápolis y Treinta y Tres, además del despliegue del Batallón de Infantería Nº 11 y el Grupo de Artillería Nº 4.
El apoyo aéreo fue clave. La Fuerza Aérea Uruguaya aportó un helicóptero Bell 212 y drones de
sensores remotos, a los que se sumó un helicóptero de la Armada Nacional, fundamentales
para atacar flancos inaccesibles desde tierra.
Cuando parecía que el incendio cedía, nuevas igniciones encendieron las alarmas en la tarde
del domingo. Cerca de las 16:00, las llamas reaparecieron frente a la planta de ANCAP y el
cruce ferroviario de la Ruta 8, producto de las altas temperaturas y el viento. Al cierre,
Bomberos confirmó la presencia de sectores aún calientes en áreas arboladas entre La
Coronilla y la vía del tren, y un foco activo descendiendo lentamente por la ladera del Verdún,
monitoreado también por personal militar.
Pero la ciudad no tuvo respiro. Pasadas las 19:00, una densa columna de humo y explosiones
marcó un nuevo frente: el Vertedero Municipal, en la zona del Aeroclub, estaba en llamas. El
incendio, alimentado por la combustión de residuos y gases acumulados, generó explosiones
periódicas y atrajo a decenas de curiosos, complicando seriamente el tránsito.
Bomberos aclaró que se trata de un siniestro de naturaleza distinta, imposible de apagar
únicamente con agua, y que la estrategia pasa por encapsular el fuego con tierra mediante
maquinaria pesada, tarea a cargo de la Intendencia. La situación encendió la preocupación por
las familias que viven en el predio, para las cuales existe un plan de contingencia que prevé
evacuaciones y traslado al Estadio si fuera necesario.
