A veces la radio -ese medio subestimado por los ansiosos del scroll- funciona como una cámara lenta de la realidad. Uno escucha, procesa, y de pronto las piezas encajan con una claridad que otros formatos no permiten.
Escuchando el programa de Fabián Cardozo en una radio de Montevideo, conocí la murga “Gente grande”. De la nada, afirma que el senador Sebastián Da Silva “parece de Minas pero vive en Punta Carretas”.
Vaya sorpresa. ¿Qué se les escapó? Porque el problema no es Da Silva, ni siquiera la exageración carnavalesca, recurso viejo y legítimo.
El punto incómodo es otro: ¿qué idea subyace allí sobre Minas y su gente?
Porque el remate funciona solo si “parecer de Minas” implica algo que debe ser superado, corregido o, al menos, disimulado.
No es censura lo que corresponde, sino una alerta cultural: cuando la ironía necesita degradar un origen para cerrar el chiste, el chiste dice más del humorista que del aludido.
Cambio de dial. FM local.
Y aparece el déjà vu.
Durante unos segundos, la sensación fue inequívoca: Mario García había vuelto a la Intendencia de Lavalleja. No por una noticia política, sino por la música de fondo, el tono engolado, la certeza publicitaria de que la descentralización viene siendo fabulosa.
La tanda termina, y la voz que sigue no es la de un locutor profesional. Es la del mismísimo intendente actual, Daniel Ximénez, frenteamplista.
Pero el concepto es idéntico: usar recursos públicos para decirle al contribuyente que todo marcha bien.
Nada ilegal. Nada extraordinario.
Están en su derecho: García lo hizo, Ximénez también lo hace.
García, además, era particularmente afecto a escucharse en radio y todos lo recuerdan. También recuerdan el resultado de aquella gestión comunicacional: perdió las elecciones.
Dato, no moraleja.
El cuadro se completa cuando, el miércoles pasado, el cerebro comunicacional de Ximénez relata un partido de la selección de Lavalleja en el mismo equipo periodístico que un edil blanco.
La escena no es nueva. De hecho, es inquietantemente conocida.
Algo muy similar ocurría cuando el cerebro comunicacional de García lideraba un proyecto de comunicación deportiva.
Las piezas se juntan solas. Cambian los nombres, cambian los colores partidarios, pero el libreto persiste.
Comunicación oficial confundida con periodismo, descentralización narrada como épica cotidiana, micrófonos que circulan siempre por los mismos escritorios.
Y entonces aparece, inevitable, China Zorrilla en “Esperando la carroza” cuando dice: “Yo hago ravioles, ella hace ravioles”.
La pregunta, entonces, no es si esta lógica continuará, sino cuál será el próximo paso visible de esa continuidad.
Dicho en términos más terrenales y locales: ¿cuál será el mega cartel de Ximénez, en qué cerro se instalará?
Pablo Melgar
