El General Carlos Federico Lecor, Vizconde de la Laguna, fue la principal figura y autoridad durante el período de la dominación luso-brasileña. Pretendió dejar atrás la historia que se poseía como Provincia Oriental y pasamos a llamarnos Provincia Cisplatina.
Fiel exponente de los valores y estilo de vida imperial. Pretendió grajearse la aceptación de la sociedad oriental de la época y en algunos sectores -mediante soirée, títulos y privilegios- lo logró. Diferente fue en la población rebelde y especialmente de la campaña. Allí el gobernante extranjero no contó con apoyos.
Aunque Lecor estaba en conocimiento de los planes de invasión de los orientales, y que sería desde las provincias del litoral argentino, igualmente se vio en apuros en su intento de contener la propagación de la insurrección comandada por Lavalleja, en 1825. Desplegó fuertes partidas de soldados en toda la geografía provincial; reforzó guarniciones y adoptó medidas precautorias.
Luego, cuando el cónsul brasileño en Buenos Aires conoció la expedición de Lavalleja, Lecor remitió nota al gobierno argentino exigiendo si dicho gobierno había tomado parte de esos acontecimientos, o si la tomaría más adelante, a fin de que su declaración sirviera de guía al Emperador para ajustar su actitud a la del gobierno argentino. Desde Buenos Aires se le respondió ocultando que se conocía y se había tolerado la subversión de los orientales y falsamente se expresó que el cónsul podía seguir desempeñando sus funciones en la ciudad “bajo el seguro concepto de que el gobierno cumpliría lealmente con todas sus obligaciones, mientras permaneciese en paz y buena armonía con el Brasil”.
Más adelante, en la misma nota, pretendiendo mentirosamente reafirmar su ajenidad con la cruzada expresa: “… No está en los principios bien acreditados del gobierno de Buenos Aires adoptar en ningún caso medios innobles, ni fomentar empresas que no fueran dignas y correctas”.
Pero Lecor recibía informes desde la capital porteña que aseguraban los aprontes para invadir y el 26 de abril comunica a su gobierno en Rio de Janeiro “… parece que no hay duda alguna que los disidentes amenazan pasar para esta Provincia, constatando que ya se hallan en las islas del Paraná, muy próximas a estas costas, Juan Antonio Lavalleja, Manuel Oribe, Zufriategui, Meléndez, Alemán y otros más, en número de veintiuno, que embarcaron en Buenos Aires el día 12 del corriente, trayendo quince mil pesos y un lanchón cargado de armas para distribuirlas entre los individuos que fuesen seduciendo en esta campaña…”.
Las informaciones habían llegado tarde a Lecor, pues para entonces ya habían desembarcado los Treinta y Tres en la Agraciada.
“ME HALLO CON COMUNICACIONES CORTADAS”
En otra carta Lecor comunica a su gobierno que “…Lavalleja después de su desembarco tomó trabajo en reunir gente y seducir a los pueblos, habiendo ya conseguido juntar un gran número, al que se unió el Brigadier Rivera, el que contribuyó para que el coronel Borba fuera prisionero con cien hombres poco más o menos, y que igual suerte temo habrá tenido el coronel Ferrara, que se hallaba en Paso del Durazno con el Regimiento de su Comando… En consecuencia, me hallo con las comunicaciones cortadas”.
Cuando se conoció la adhesión de don Frutos Rivera a la revolución libertaria Lecor envió urgentemente a la Corte del Brasil a Tomás García de Zúñiga a informar verbalmente de “los sucesos extraordinarios” y pedir el envío de refuerzos.
El mes de mayo y siguientes fueron de febriles gestiones, tanto de parte de las fuerzas patriotas como de las imperiales. En la Villa de la Florida se instaló un gobierno provisorio; en diversas Villas se realizaron elecciones del Diputados que conformarán la Asamblea Legislativa, citada para agosto; Lavalleja y Rivera organizan los ejércitos; Manuel Oribe pone sitio a Montevideo; la campaña está dispuesta a la libertad o la muerte.
Por su parte el Capitán de la Cisplatina Gral. Carlos Federico Lecor hace aprontes bélicos, dispuesto a no entregar el territorio sin defenderlo en el campo de batalla.
“EXTRAVAGANTE CARTA DE FRUTOS Y LAVALLEJA”
El 28 de mayo el jefe intruso noticia que “se me apersonó el Coronel Henrique Xavier de Ferrara, que había sido preso en el Durazno, por orden de don Fructoso Rivera, con el fin de entregarme la extravagante carta firmada por don Frutos y Lavalleja, en la que se me propone una suspensión de armas, etc”.
Agrega en la misma misiva que “el día 23 (mayo) se me apersonó el Cura de Canelones, Juan Francisco de Larrobla” con el mismo objeto, de suspensión de armas, etcétera. En cada caso la respuesta del lusitano fue de rechazo al ofrecimiento.
Lecor se valió de todos los recursos que tuvo a su alcance para debilitar las fuerzas patriotas, tanto bélicos como diplomáticos y también el rumor y la conjura.
Ahogado por el sitio impuesto a Montevideo, que produjo una esperada agitación en la población de la ciudad y el pasaje de muchas personas de la Plaza al campo enemigo, Lecor comenzó a alentar supuesta división en el campamento sitiador cuando dice: “la intriga entre don Frutos y Lavalleja va creciendo y no sería de extrañar que dentro de pocos días se verifiquen entre ambos divergencias que nos serán favorables”.
Pero pasarán los días y por el contrario se consolida, cada vez más, la voluntad de los orientales.
Oribe Pereira Parada
