Por Pablo Melgar
La sociedad uruguaya parece estar atravesando un nuevo cambio de humor político. Los últimos datos presentados por Equipos Consultores muestran un crecimiento de la autoidentificación con la derecha y un retroceso de quienes se ubican en la izquierda, en una tendencia que, de confirmarse en las próximas mediciones, marcaría un cambio significativo en el escenario político nacional.
El director de Equipos, Ignacio Zuasnabar, presentó los datos durante un desayuno organizado por el Centro de Estudios para el Desarrollo (CED) y advirtió que las mediciones de 2026 coinciden en señalar un desplazamiento del electorado hacia la derecha, aunque consideró prematuro afirmar que se trata de una tendencia consolidada.
Los números son elocuentes. El 34% de los uruguayos se identifica actualmente con la derecha, mientras que el 26% lo hace con la izquierda. El 39% se ubica en el centro.
Cinco años atrás, la fotografía era diferente: 31% se ubicaba a la derecha, 30% a la izquierda y 39% en el centro.
El cambio resulta todavía más significativo si se observa la evolución histórica. Durante buena parte del período comprendido entre 2002 y 2018, la izquierda tuvo una ventaja sobre la derecha en materia de identificación ideológica. Desde 2019 comenzó una etapa de mayor equilibrio entre ambos espacios.
Ahora, según Equipos, esa relación vuelve a modificarse.
Zuasnabar señaló que la diferencia de ocho puntos entre quienes se identifican con la derecha y quienes lo hacen con la izquierda constituye una brecha que no se observaba con esa dimensión durante el siglo XXI. Para encontrar un registro similar es necesario retroceder hasta 1999.
TAMBIÉN SE MUEVE EL CENTRO
El fenómeno no consiste solamente en un crecimiento del bloque de derecha. También existe una modificación interna de los dos grandes espacios ideológicos.
Dentro del campo de centro-derecha y derecha aumentan los ciudadanos que se consideran directamente de derecha. Y dentro del espacio de izquierda ocurre algo similar: crece el peso relativo de quienes se identifican como izquierda antes que centro-izquierda.
Para Equipos Consultores, esto supone un incremento, aunque todavía moderado, de la polarización.
La particularidad uruguaya es que el centro continúa siendo el principal espacio ideológico. Cuatro de cada diez ciudadanos aproximadamente siguen ubicándose allí, lo que constituye un dato especialmente relevante para cualquier análisis electoral.
EL PROBLEMA DE ORSI ESTÁ TAMBIÉN EN EL CENTRO
Los datos presentados por Zuasnabar muestran, además, una particularidad sobre la relación del presidente Yamandú Orsi con su propia base electoral.
La última medición de Equipos citada en la exposición registra 28% de aprobación y 51% de desaprobación de la gestión presidencial.
Sin embargo, al analizar el electorado frenteamplista según su ubicación ideológica aparece una situación aparentemente contradictoria.
Orsi obtiene sus mayores niveles de respaldo entre los votantes del Frente Amplio que se identifican más claramente con la izquierda. En ese segmento registra 80% de simpatía frente a apenas 7% de antipatía.
El respaldo disminuye cuando se avanza hacia el centro. Entre los votantes frenteamplistas que se identifican como de centro, la relación es de 48% de simpatía frente a 27% de antipatía.
La conclusión planteada por Zuasnabar es que existe cierto “descalce” entre la militancia y el electorado: mientras desde sectores de la izquierda más militante surgen críticas hacia el gobierno, es precisamente entre los votantes más identificados con la izquierda donde Orsi conserva sus niveles más elevados de respaldo.
UN CAMBIO DE HUMOR
El desplazamiento ideológico aparece acompañado por otro fenómeno: un creciente malestar con la política y con los gobiernos.
Ignacio Zuasnabar habló de un cambio en el “humor de los uruguayos” y sostuvo que la sociedad se encuentra más incómoda e inquieta que algunos años atrás.
Entre los factores mencionados aparecen la incertidumbre económica, la irrupción de la inteligencia artificial, el cambio acelerado de las expectativas ciudadanas y una característica que parece instalarse en las democracias occidentales: gobiernos que pierden rápidamente el respaldo conseguido en las elecciones.
“La nueva norma parece ser la alternancia”, sostuvo el sociólogo, al describir un escenario en el que las tradicionales “lunas de miel” de los gobiernos son cada vez más breves.
LA ECONOMÍA TAMPOCO OFRECE TRANQUILIDAD
La exposición del CED incorporó una segunda señal de alerta. Su director ejecutivo, Agustín Iturralde, cuestionó el ritmo de crecimiento de la economía uruguaya y anunció que el centro de estudios redujo a 0,9% su proyección de crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) para 2026.
El economista sostuvo que el bajo crecimiento ya no puede atribuirse exclusivamente al contexto internacional y puso el foco en la inversión.
Según los datos presentados, la inversión se encuentra por debajo del 16% del PIB, un nivel que, a juicio del CED, resulta insuficiente para sostener un crecimiento capaz de mejorar significativamente el bienestar material.
El dato político de fondo es que Uruguay conserva estabilidad, pero comienza a mostrar dificultades para transformar esa estabilidad en crecimiento.
Entre el cambio en el mapa ideológico, el malestar con los gobiernos y una economía que pierde dinamismo, los datos presentados por Equipos Consultores y el CED dibujan un escenario que merece atención. El electorado uruguayo parece estar cambiando, aunque todavía no está claro hasta dónde llegará ese movimiento.
