Huella de convicciones, trabajo y servicio
Por Pablo Melgar
La muerte de Julio Rodríguez Arrué conmueve a una parte significativa de la comunidad de Minas. Se va un hombre de trabajo, de fe y de coherencia personal; alguien que hizo de la acción una extensión natural de sus convicciones. Padre de familia y católico ferviente, vivió -en el sentido más estricto del término- como pensó.
Su vida laboral estuvo dedicada a la electrotecnia, oficio que ejerció desde su taller con rigor, inteligencia y una curiosidad permanente. Desde allí fue testigo y protagonista silencioso de los grandes avances tecnológicos que atravesaron la segunda mitad del siglo XX y las primeras décadas del XXI. Culto, disciplinado y atento a su tiempo, entendía el trabajo no solo como sustento, sino como responsabilidad social.
Fue, además, un hombre profundamente comprometido con la comunicación. Junto a Oribe Pereira impulsó una radio local en la que trabajé durante una década, experiencia que permitió conocer de cerca sus preocupaciones, su sensibilidad y su independencia de criterio. Detrás del mostrador dio todo por su familia, enfrentando con temple las exigencias cotidianas del pequeño empresario: los clientes, la DGI, el BPS y cada una de las obligaciones que conoce quien se juega con esfuerzo propio.
Lector atento -de SERRANO y de la prensa en general-, sostuvo una vida ordenada y austera. Cada tarde salía a caminar y luego a la iglesia, en una rutina que reflejaba su disciplina interior.
Durante años instaló y mantuvo los sistemas de amplificación sonora del Santuario de Verdún y de varias capillas de Minas, incluida la catedral. También cuidó y reparó los equipos de numerosas radios de la región.
Tal vez haya en esa tarea una forma particular de evangelización y de servicio público: darle volumen a la voz de Dios y, al mismo tiempo, a la voz del pueblo. Esa doble vocación -la fe y la comunidad- define con precisión su legado.
Acompañamos con respeto y afecto a su familia, a sus amigos y a la Iglesia de Minas en este momento de dolor. La vida de Julio Rodríguez Arrué deja una huella serena y firme, hecha de trabajo, convicciones y servicio.
