Entre las declaraciones hechas en la campaña electoral y el contenido presupuestal
Por Natalia Gorgoroso
Durante la campaña electoral, Daniel Ximénez construyó su victoria sobre una crítica feroz al “despilfarro” y los “privilegios” de la administración del Partido Nacional. Sin embargo, su primera semana de gestión presupuestal estuvo marcada por una contradicción: presentó un plan con sueldos jerárquicos elevados que contradecían su discurso, para luego, 72 horas después, admitir “una omisión”, bajar esos salarios y redirigir los fondos. El resultado final es un híbrido: la estructura política se expande, pero los “súper sueldos” fueron topeados.
“Las contrataciones directas fueron un gran negocio para el Partido Nacional”. Con frases como esa, el entonces candidato frenteamplista capitalizó el hartazgo del electorado.
Su promesa era clara: idoneidad técnica y austeridad republicana. Hoy, con el Presupuesto en la Junta y una “adenda” correctiva en camino, es posible pasar el tamiz de la realidad a aquellas promesas bajo la luz de los últimos acontecimientos.
CARGOS DE CONFIANZA
La promesa: Daniel Ximénez aseguró que su gestión se basaría en la idoneidad y criticó la estructura de confianza inflada del gobierno anterior.
La realidad: A pesar de la rectificación salarial, la expansión de la estructura se mantiene. El proyecto original y su corrección mantienen el aumento de 26 a 32 cargos de confianza. La principal novedad son los “secretarios de Municipio” (Q18). Aunque en la conferencia de ayer (ver nota en la página 3) Ximénez aclaró que no fue un pedido de los alcaldes, sino una decisión propia para mejorar la gestión, el hecho objetivo es que se crean 7 nuevos puestos políticos rentados ($ 73.000 cada uno) que antes no existían. La promesa de “no agrandar el Estado” choca con esta nueva capa de gestión política territorial, por más que se justifique en la eficiencia.
SUELDOS Y PRIVILEGIOS
La promesa: Terminar con los “amiguismos” y los sueldos altos injustificados. Ximénez prometió un gobierno austero enfocado en lo social.
La realidad: Aquí es donde se produjo el cortocircuito y la posterior reparación. El presupuesto ingresado originalmente disparaba los costos de la cúpula, creando una Prosecretaría y direcciones con sueldos cercanos a los $ 270.000. Esto rompía flagrantemente con la promesa de campaña. Sin embargo, la realidad cambió ayer: Ximénez asumió la responsabilidad por la “falta de chequeo” y ordenó bajar esos salarios a $ 174.000 (equiparándolos al resto de los directores).
El saldo: Se desactivó la “bomba” de los sueldos de directores, volviendo a una línea de austeridad relativa.
Lo que queda: El sueldo del intendente sí mantiene su nuevo piso histórico (cercano a los $ 315.000), y el episodio deja servida la duda sobre la prolijidad administrativa inicial, aunque se valora la capacidad de reacción política para corregir el error.
LA COHERENCIA
Donde el presupuesto (y ahora la rectificación) muestra mayor alineación con el discurso es en la base de la pirámide.
La promesa: Dignificar al trabajador y acabar con la precariedad del zafral.
La realidad: No solo se mantiene la creación de la Dirección General de Gestión Humana y los mecanismos para presupuestar zafrales por antigüedad y sorteo, sino que la corrección del lunes 12 refuerza este punto. El dinero ahorrado al bajar los sueldos de la cúpula política no vuelve a Rentas Generales, sino que se destina explícitamente a financiar la regularización de los zafrales y a contratar soporte técnico (un programador). Aquí, el discurso de “la plata es para los trabajadores y no para los políticos” se cumple, aunque haya sido necesario un error previo para redirigir esos fondos.
RECTIFICACIÓN Y LUPA SOBRE EL GASTO
El debut presupuestal del Frente Amplio en Lavalleja deja un escenario abierto. Si bien la adenda enviada desactivó la polémica inmediata de los sueldos jerárquicos, alineando los números finales con el discurso de campaña, el episodio expuso, cuanto menos, desprolijidades en la planificación inicial.
A su vez, persiste el debate de fondo sobre el tamaño del Estado: aunque los salarios se topearon, la estructura política se expande respecto a la gestión anterior con la creación de nuevas figuras en los municipios.
La “austeridad”, bandera central de Ximénez, supera este primer test gracias a una corrección de último momento, pero deja instalada la interrogante sobre si la marcha atrás respondió a una convicción administrativa firme o a una reacción pragmática ante el potencial costo político.
