Por Natalia Gorgoroso
En el marco de las conmemoraciones por el Día Internacional de la Mujer, la diputada por Lavalleja del Partido Nacional, Adriana Peña, protagonizó un inusual acto de protesta en la Cámara de Diputados: se puso en medio de su alocución un burka. Se trata de una prenda de vestir que cubre el cuerpo de la mujer y solo tiene una abertura de malla -o rejilla- para los ojos. El objetivo de Peña fue visibilizar las extremas formas de violencia y sometimiento que sufren las mujeres bajo el régimen iraní, y lanzar una dura crítica a quienes relativizan estas violaciones a los derechos humanos.
En declaraciones radiales posteriores a la sesión, Peña cuestionó las consignas de la reciente marcha del PIT-CNT por aludir a causas extranjeras y acusó a ciertos sectores de defender, por omisión o acción, al gobierno de Irán. “Sabemos la importancia que tiene poder terminar con el terrorismo”, señaló la legisladora, advirtiendo sobre el peligro de la complacencia frente a estos regímenes: “Cada vez que protegemos un terrorismo como el de Irán, eso se va acercando”.
Durante la entrevista, enumeró una serie de atrocidades sistemáticas cometidas por lo que calificó como los “terroristas yihadistas” en el poder. Recordó las masacres de miles de personas durante las recientes manifestaciones, señalando la especial saña del régimen hacia las mujeres que deciden quitarse el velo.
La diputada fue explícita al detallar las brutales condiciones que enfrentan las ciudadanas en esa región del planeta, afirmando que quienes “defienden a ese gobierno, defienden prácticas” como:
- Violencia física avalada por el Estado: golpes en la vía pública, ataques con ácido en el rostro para forzarlas a taparse y lapidaciones dictadas por ley (usando piedras medianas para prolongar el sufrimiento) para aquellas que miren a un hombre que no sea su esposo.
- Abuso infantil y mutilación: niñas de 9 y 10 años obligadas a casarse con hombres mayores de 40 o 50 años, además de ser víctimas de mutilación genital.
- Deshumanización absoluta: prohibición de estudiar y un estatus social que, según Peña, las rebaja a ser tratadas “al mismo nivel que perros”, consideradas un objeto sobre el cual el hombre tiene derecho de vida o muerte.
Peña alertó que estas posturas extremistas no están tan lejos como parece y están cruzando fronteras. Puso como ejemplo a Europa, asegurando que países como Italia están siendo “colonizados” y hoy enfrentan reclamos para incorporar en las escuelas prácticas y enseñanzas del islamismo radical que atentan contra los derechos de las mujeres desde la cuna.
HOMENAJE
Más allá de su denuncia internacional, Peña fue homenajeada el lunes por el Centro “Josefa Oribe” del Partido Nacional, junto a otras figuras que abrieron camino en la política uruguaya, como Julia Pou, Matilde Rodríguez de Gutiérrez Ruiz, Gloria Rodríguez y la actual intendenta de San José, Ana María Bentaberri.
El reconocimiento destacó su rol como la primera mujer en ser electa (y reelecta) intendenta de Lavalleja y la primera del Partido Nacional, además de haber sido la primera presidenta del Congreso de Intendentes.
Al reflexionar sobre sus inicios, Peña recordó los prejuicios a los que se enfrentaban las mujeres en la política del siglo pasado: desde el escrutinio social por llegar de madrugada tras hacer campaña en zonas de difícil acceso como Nico Pérez o Batlle y Ordóñez, hasta las insinuaciones machistas sobre cómo lograban integrar una lista electoral. “Por suerte fuimos abriendo caminos para que otras tuvieran también la posibilidad. Que ya no sea novedad es lo interesante”, concluyó la diputada, celebrando la actual renovación partidaria y la fuerte presencia femenina en las juventudes, concejalías y el Parlamento uruguayo.
