Bernardo Prudencio Berro Larrañaga, que llegara a ocupar las más altas dignidades nacionales, en su período veinteañero se afincó en campos de su familia en el Paraje Casupá.
El centro poblado más próximo era la Villa Concepción de las Minas, que por aquel entonces apenas superaba los mil habitantes. Para adquirir provisiones, realizar negocios y socializarse, acostumbró a recorrer las doce leguas que distaba del establecimiento rural a la Villa.
“Aunque muy reducida la sociedad de Minas –anota don Anibal Barrios Pintos– era constituida por elementos selectos con relación al medio y al tiempo, pudiendo asegurarse que los Amor, los Bustamante, los Fuentes, los Fernández, los Pardo, los Melgar, los Ramos, los Lavalleja, los Palomeque, los Latorre, los Del Puerto, los Zabaleta, los Beracochea se hallaban, por lo menos en cuanto a cultura social, a un nivel semejante con las familias que frecuentaban los rendez-vous mundanos de la época en la capital de la República”.
A ese ambiente se integró el joven Berro, que por cultura, modales mundanos y madurez intelectual, rápidamente se transformó en referencia. Frecuentaba las tertulias en casa de Bernardo Amor en la esquina de las calles San Rafael y San Miguel (hoy 25 de Mayo y Roosevelt – Bar Bertocchi) con quien cultivó una estrecha amistad.
Así también concurría a veladas en casa de Teodoro Bustamante -que será luego su cuñado- y en los domicilios de Froilán Machado y la familia Fernández.
Algún biógrafo de Bernardo P. Berro ha sostenido que su sobriedad era extrema. No fumaba, no tomaba mate, ni gustaba de bebidas alcohólicas, como sería costumbre en la época. Pero en dos de sus numerosos manuscritos, fechados en 1833 y 1840, comenta que en sus largas y solitarias jornadas en campos de Casupá “saboreaba el cimarrón, alegrado con algún trago de caña”. También en las tertulias en Minas, Berro degustaba con predilección el rapé que elaboraba el Cura don Juan José Brid, que era otro asiduo a esas reuniones sociales.
POETA PARA SUS AMIGOS
El joven Bernardo se complacía dedicar a sus amigos minuanos décimas festivas, evidenciando su estatura poética y humor. Un ejemplo es:
“Amigos míos amados
Los que en la plaza de Minas
Os merendáis las gallinas
Que duermen en los cercados;
Vosotros que aficionados
A las campañas de amor,
De las niñas el favor
Buscáis por modos diversos
Dad atención a estos versos
Si no estáis de mal humor”.
Sus versos continúan salpicados de sentimientos mundanos, irónicos y por momentos con pasajes hilarantes.
También en esta etapa de su vida joven y laboriosa realiza a sus amistades confesiones muy íntimas, sin pudores y con franqueza.
“Siempre fui de condición,
Que al mirar a las muchachas,
De los pies hasta las cachas,
Hiervo en dulce comezón.
Yo no sé en el corazón
Que me da cuando las veo
Pues siento cierto deseo
Cierta quietud interior
Que no me causa dolor,
Como un sabroso recreo”.
BERRO Y “LA FILARMÓNICA”
Berro tuvo la costumbre de visitar a sus amistades serranas todos los sábados. Era popular y apreciado.
Entre las cualidades personales del distinguido joven se destacó que tocaba el piano y cantaba aceptablemente.
Se ha dicho que por su iniciativa se fundó la sociedad musical y coreográfica “La Filarmónica”, cuyas sesiones tenían lugar en una casa situada en un cerro de los suburbios de la Villa, que hoy le llamamos “cerro de la Filarmónica”, igual que al barrio que se formó en el lugar.
Según esa versión optaron por reunirse a distancia del centro de la Villa para evitar los ruidos que los vecinos consideraban molestos, por sus desafinaciones.
Muchos de los instrumentos que usaban eran de fabricación casera. Pero ello no fue inconveniente para que llegaran a amenizar veladas familiares y bailes.
NOVIAZGO Y MATRIMONIO EN MINAS
El amor también estaba esperándolo en Villa Concepción de las Minas. En oportunidad que el joven Berro concurrió a una festividad popular quedó prendado de una jovencísima minuana.
Se estaba desarrollando una carrera de sortijas, tan común en la época, cuando vio a una jinete que lo cautivó por belleza y destreza, cual amazona. Se trataba de Prexedes Rosa Bustamante Del Puerto “Prajeditas”.
Ella era hija de un reconocido servidor de la patria, pues había sido uno de los caudillos zonales que en 1811, luego del Grito de Asencio, se había movilizado en la zona de San Carlos y Maldonado, incorporándose a las fuerzas artiguistas. Fue miembro del Congreso de Tres Cruces en representación de la jurisdicción de San Carlos y comandante de la guarnición de Maldonado, también jefe de Milicias en San Carlos y cuando nació la República, en 1830, fue electo Representante en la Primera Legislatura.
Berro y “Prajeditas” formalizaron noviazgo que significó mayor presencia del joven Bernardo en la Villa. Ahora asumiendo una nueva condición y responsabilidad ante la sociedad minuana.
En 1836, ocurrida la revolución del general Rivera contra el presidente Oribe, Berro se incorporó a las guardias nacionales en defensa del gobierno legal.
Obtuvo una corta licencia para contraer matrimonio el día 27 de julio, en ceremonia realizada en la Iglesia de Minas. La novia tenía 19 años recién cumplidos y el contrayente 33. Van a tener doce hijos entre 1837 y 1858.
En adelante la vida personal y familiar de Bernardo P. Berro se desarrollará fuera de Minas, aunque siempre estuvo presente esos años de vida juvenil enmarcada por un portentoso paisaje que así describió:
“…Y al otro unas bellísimas colinas
Revestidas de flores y verdura
Se extienden por las tierras más vecinas.
Por entre estas y aquellas su agua pura
En sesgo curso Casupá derrama
Llenando sus riberas de frescura”.
Oribe Pereira Parada
