Las ciudades y localidades de Lavalleja atraviesan un cambio silencioso, pero cada vez más visible.
No se trata de una obra nueva ni de una mejora largamente esperada, sino de un deterioro que se cuela en esquinas, plazas y espacios verdes: El incremento de la basura y el descuido del entorno urbano. Una situación que ya no pasa inadvertida para los vecinos ni para los medios de comunicación del departamento.
En las últimas semanas, radios, portales y canales locales comenzaron a recibir una catarata de mensajes, fotos y comentarios de ciudadanos atentos a los cambios en sus barrios.
Bolsas rotas alrededor de los contenedores, restos de poda abandonados por días, papeles y plásticos acumulados en canteros y plazas forman parte de un paisaje que se repite con demasiada frecuencia, tanto en Minas como en otras localidades del interior departamental.
El informativo del canal local VCC dedicó un informe especial a la problemática, recorriendo distintos puntos de la ciudad y recogiendo testimonios de vecinos que expresaron preocupación y cansancio.
“No es solo una cuestión estética, es un tema de salud y de convivencia”, señaló una vecina ante cámaras, mientras mostraba un espacio verde que supo ser punto de encuentro y hoy luce descuidado.
La escena no es exclusiva de la capital departamental.
En José Batlle y Ordóñez, el equipo periodístico del semanario “El Pueblo” logró registrar una imagen tan elocuente como inquietante: Un cerdo alimentándose a escasos metros de un contenedor de residuos.
La postal, que rápidamente circuló en redes sociales, sintetiza el problema en una sola toma: Basura expuesta, control insuficiente y un entorno que pierde calidad.
Detrás de cada bolsa acumulada y de cada plaza descuidada hay una señal de alerta. Los vecinos lo dicen, los medios lo muestran y las imágenes hablan por sí solas.
Lavalleja enfrenta un desafío cotidiano que va más allá de la recolección de residuos: Se trata de cuidar los espacios comunes, preservar la identidad de sus localidades y atender un malestar que crece al ritmo de la basura visible.
Pablo Melgar
