Por Pablo Melgar
La partida de Nelson Farías deja un vacío difícil de llenar en Minas. Con él se va una parte de la memoria afectiva de la ciudad, un hombre que supo ganarse el respeto y el cariño de varias generaciones por su forma de ser, por su trabajo y por su manera de mirar el mundo.
Su hija Patricia contó que falleció rodeado del amor de su familia y de sus amigos. En realidad, esa fue la manera en que vivió toda su vida: acompañado por el afecto de quienes lo conocieron y apreciaron. Porque Nelson era de esas personas que transmitían serenidad.
De hablar pausado, de trato amable y espíritu conciliador, resultaba difícil imaginarlo alterado. Era, por naturaleza, un hombre de paz, de tolerancia y de enorme calidad humana.
Su vida estuvo ligada a la actividad comercial y, especialmente, al rubro de la óptica. Durante décadas ayudó a cientos de minuanos a ver mejor. Pero su aporte fue mucho más allá de una profesión.
Junto con cada recomendación y cada consejo ofrecía paciencia, calidez y una atención que convertía a cada cliente en un amigo.
Sin embargo, hubo otra faceta que terminó convirtiéndolo en un referente de la identidad minuana. Mucho antes de que la fotografía paisajística alcanzara la difusión actual, Nelson Farías ya recorría los rincones más bellos del departamento con su cámara.
Supo registrar la esencia de Minas y de Lavalleja como pocos.
Sus imágenes de cerros, arroyos, parques y paisajes rurales terminaron formando parte del imaginario colectivo.
Si las canciones de Santiago Chalar y las letras de Santos Inzaurralde son la banda sonora de la minuanidad, las fotografías de Nelson Farías son, sin dudas, su imagen. No por casualidad, varias de ellas ilustraron las portadas de los discos de esos grandes referentes de nuestra cultura.
También será recordado por su permanente respaldo a los medios de comunicación locales. Siempre creyó en los nuevos emprendimientos periodísticos y en quienes comenzaban a recorrer ese camino.
Con una generosidad poco frecuente, acompañaba los proyectos desde sus primeros pasos, casi sin hacer preguntas, confiando en las personas y en el valor de la comunicación para la comunidad.
Nelson Farías deja un legado silencioso, construido sin estridencias y con la coherencia de quienes hacen del trabajo, la honestidad y la bondad una forma de vida.
Su mirada seguirá presente en cada una de las imágenes que inmortalizaron la belleza de esta tierra y en el recuerdo agradecido de quienes tuvieron el privilegio de conocerlo.
A Patricia, a toda su familia y a sus amigos, llegue el abrazo fraterno y el reconocimiento de una ciudad que hoy despide a uno de esos vecinos cuya huella permanece para siempre.
