Por Pablo Melgar
Este 8 de diciembre se cumplen 192 años del nacimiento de una de las figuras más singulares y menos difundidas de nuestra historia: Mariano Berro, político, periodista, naturalista y considerado hoy el primer ecologista / ambientalista del Uruguay.
Hijo de Bernardo Prudencio Berro —ex presidente de la República— y de Práxedes Bustamante, nació en 1833 en la ciudad de Minas, desde donde comenzó un camino que combinaría la acción política, la vocación científica y la defensa temprana del ambiente.
Su juventud estuvo marcada por las convulsiones del país. En 1864 actuó como asistente del capitán Pedro Rivero y participó en el combate de Don Esteban.
La caída del gobierno blanco lo empujó al exilio en Buenos Aires, pero en 1870 regresó para unirse a la revolución de Timoteo Aparicio, donde resultó gravemente herido en la batalla del Sauce.
Ya en tiempos de relativa estabilidad, Berro volvió a la vida institucional. Fue electo diputado por Canelones en 1876 y luego Jefe Político del departamento entre 1877 y 1880.
Tras esa etapa resolvió alejarse de la política activa y se radicó en el paraje Vera, en Soriano, donde encontró una nueva vocación inspirada por su tío abuelo, Dámaso Antonio Larrañaga: las ciencias naturales.
Desde ese rincón del país desarrolló una tarea pionera. Publicó estudios sobre flora y fauna en la prensa —especialmente en El Telégrafo de Mercedes— y se dedicó a alertar sobre el deterioro del entorno.
El 22 de agosto de 1891 firmó uno de sus textos más recordados, “Los reyes destronados”, una exhortación temprana a proteger la flora y la fauna nacionales. Mucho antes de que existiera el concepto moderno de ambientalismo, Berro ya advertía sobre la necesidad de preservar los recursos naturales.
Su curiosidad científica lo llevó también al terreno de la geología y la paleontología. Recolectó más de 4.000 piezas fósiles, hoy conservadas en el Museo Mariano Berro de Mercedes, y publicó trabajos que abrieron camino en un país donde esas disciplinas apenas daban sus primeros pasos.
En 1906 editó un estudio sobre las gramíneas de Vera, considerado de especial valor. Entre sus obras destacan además “Notas para escribir la historia civil y colonial” (1895) y “La escuela antigua en Soriano” (1912).
Pese a su retiro del primer plano político, Berro nunca cortó el vínculo con su Partido. Incluso en su madurez prestó apoyo logístico a las causas que defendía: desde su establecimiento salieron caballadas, pertrechos y armas para abastecer a las fuerzas blancas cuando la coyuntura lo exigía.
Mariano Berro falleció en Montevideo el 26 de agosto de 1919, dejando una obra múltiple y una mirada adelantada sobre la relación entre la sociedad y su entorno natural.
Hoy, casi dos siglos después de su nacimiento, su legado vuelve a cobrar sentido en un país que enfrenta nuevos desafíos ambientales, muchos de los cuales él ya había anticipado con sorprendente claridad.
De paso, recordando a Mariano viene a la memoria don Bernardo, tal vez el más reconocido presidente de la República, y su vínculo intimo con Minas.
