En 1798, José Melgar Cuerdo tenía 28 años de edad. Había nacido en Barcial del Barco, jurisdicción de Benavente, obispado de Astorga, Galicia, España. Era hijo de Tomás Melgar y Manuela Cuerdo, quienes habían zarpado desde La Coruña el 15 de abril de 1781 en la fragata portuguesa “San Josef y San Buenaventura” -propiedad de un comerciante de Oporto- y recalado en el Río de la Plata el 19 de julio. Permanecieron primero en Buenos Aires con intención de ser parte de la expedición pobladora de la Patagonia, pero al fracasar el proyecto fueron trasladados a San Felipe y Santiago de Montevideo, con igual fin poblador.
Recién en abril de 1783 pasaron a formar parte de las cuarenta familias peninsulares que conformaron el núcleo fundador de la Villa de Nuestra Señora de la Concepción de las Minas.
José era el mayor de siete hermanos. Su vida transcurrió en la Villa minuana, soltero y fuera del núcleo familiar.
“EL ÚNICO QUE PUEDE GOBERNAR LA IGLESIA”
El 25 de junio de 1798 protagonizó un incidente policial que fue comentario en el vecindario durante muchos años.
Ese día, en las primeras horas de la tarde, el sacerdote de la Villa, Fray José Ramos, encargó a un joven abrir la Iglesia con el fin de ir preparando la ceremonia correspondiente al bautismo de un recién nacido. Fue así que José, aprovechando que aún no había llegado el Cura, le sustrajo las llaves al muchacho y volvió a cerrar el templo, a la vez que gritaba ser “el único que podía gobernar la Iglesia del pueblo”.
Fray José Ramos concurrió de inmediato a buscar el auxilio del comandante de la Villa, el Sargento de Dragones Juan Bautista Rondeau. Éste envíó a dos dragones, uno de ellos armado con una espada y el otro con una pistola, para recuperar las llaves del Templo.
Encontraron a Melgar en su rancho -muy próximo a la Iglesia- tomando mate. Se le solicitó la devolución de las llaves en su poder y Melgar se negó diciendo que “no le entregaba las llaves a otro que no fuera el mismo Papa”.
Se mostró dispuesto a resistir y debió concurrir al lugar el comandante Rondeau y el Padre Cura.
El expediente judicial del hecho describe el incidente señalando que “al dragón que portaba la espada, se le cayó el arma y Melgar se apoderó de la misma, el otro dragón no pudo disparar su pistola. Acto seguido acometió contra Rondeau, hiriéndolo en la cabeza y en un momento le dio por reír y fue reducido”.
En el expediente Rondeau manifiesta: “A este sujeto le acomete un insulto por tipo de demencia, pero en la acción no se ha verificado su locura, que es poca, solo una desesperación, y se ha notado que en sus tratos de comprar y vender lo hace con arreglo”.
En otra parte de la documentación labrada por el hecho se hace constancia que se detuvo al revoltoso, se inventariaron sus bienes y que quedaron en poder del vecino don Manuel Alonso, como depositario.
Uno de los variados testigos, de nombre Pedro Gallardo, que había corrido al lugar del suceso, atraído por los gritos de uno y otros, dijo que cuando tenían a Melgar en el suelo, asido por el comandante, “oyó decir a Melgar que lamentaba no haber muerto al cura y al comandante y que lo haría una vez que estuviera libre”. Testimonio similar ofreció Tomás Luis de Castro, vecino y carpintero de la Villa.
Otro interesante testimonio fue el del dragón Francisco Montero, uno de los efectivos intervinientes en el episodio, que agregó “haber oído a Melgar, en casa de Francisco Zeballos, decir que tomaría las llaves por ser él el Cura y los demás reos, y que iba a casar y descasar y hacer todo lo demás perteneciente a la Iglesia”.
“POR MI SABIDURÍA Y LA VOLUNTAD DE DIOS”
Don Tomás Melgar -padre de José- a la vez que reconoció la falta de su hijo, protestó por el trato que se le daba. Denunció que estaba en calabozo con delincuentes y su hijo no lo era. Reclamó la “asistencia necesaria” y pidió fuese trasladado a otro lugar. Y agregó que la herida sufrida por el Sargento de Dragones Rondeau no era de entidad, ya que “a los dos días estaba sano, ejerciendo y cumpliendo con sus funciones”.
A poco más de un mes de un mes del suceso -el 31 de julio- se le tomó declaración formal a José Melgar Cuerdo. Al preguntársele por qué se apoderó de las llaves de la Iglesia contestó: “Porque tengo facultades de Dios, Nuestro Señor y las tomé para entregarlas al Mayor Tribunal de la Iglesia…”.
Agregó luego que por su sabiduría “está obligado a hacer defensa por lo respectivo a la Iglesia y al Rey”. Y luego dijo que no estaba obligado a obedecer al comandante Rondeau y sus soldados porque “por la Sabiduría y Voluntad de Dios está exento de obediencia a ningún hombre en la tierra y todos están sujetos a él”.
Días después fue examinado por los médicos cirujanos Francisco Jurado y Juan Ma. Rodríguez Caballero. Certificaron su patología y en sentencia de setiembre de ese mismo año de 1798, se dispuso que el padre se encargara de su curación y el pago de las costas.
Quedó para el anecdotario del pueblo cuando el “Loco José” se “adueñó de la Iglesia”.
Oribe Pereira Parada
