Queridos lectores:
En medio de una época marcada por avances tecnológicos vertiginosos, el capítulo cuarto de la encíclica “Magnifica Humanitas” del papa León XIV nos propone una pregunta tan simple como decisiva: ¿qué significa seguir siendo humanos en un mundo que cambia tan rápido?
El texto no parte del rechazo a la tecnología. Por el contrario, reconoce que estamos ante una transformación profunda que afecta no solo a las herramientas que usamos, sino también a nuestras relaciones, nuestros hábitos y nuestra forma de ver el mundo.
Cuando cambian los lenguajes y las tecnologías, también cambian los gestos cotidianos y la vida social. Y ahí es donde aparece el verdadero desafío.
Uno de los ejes centrales del capítulo es la verdad. En tiempos donde circula más información que nunca, paradójicamente se vuelve más difícil distinguir lo verdadero de lo falso.
La encíclica advierte que la desinformación, amplificada por la inteligencia artificial, no solo confunde, sino que debilita la confianza social y daña la convivencia democrática. La verdad no es propiedad de unos pocos, sino un bien común que se construye en el diálogo honesto.
Cuando la verdad deja de importar, la democracia se debilita.
No alcanza con normas o procedimientos: hace falta una relación sincera con la realidad y un compromiso con el bien de todos. De lo contrario, se abre paso una forma de poder que logra moldear lo que las personas consideran verdadero.
El texto también advierte sobre el poder de quienes controlan la información. Las plataformas digitales tienen hoy una enorme capacidad para influir en lo que pensamos y deseamos. Por eso, el Papa propone una “ecología de la comunicación”, donde la tecnología esté al servicio de la dignidad humana.
Frente a este escenario, la educación aparece como clave.
No basta con saber usar herramientas digitales; hay que aprender a pensar, a discernir, a hacerse preguntas. Educar es también enseñar a detenerse en medio de la velocidad.
Este llamado es especialmente importante para los jóvenes, expuestos desde temprano a un mundo digital que puede afectar su desarrollo y sus vínculos. Por eso, se propone una alianza entre familias, escuela y sociedad.
Finalmente, la encíclica recuerda la dignidad del trabajo.
En tiempos de automatización, el trabajo no puede reducirse a productividad: es una dimensión esencial de la persona.
En definitiva, custodiar lo humano es cuidar la verdad, la libertad y la dignidad en medio del cambio tecnológico.
La próxima visita del Papa a Uruguay será una oportunidad especial para reflexionar sobre este mensaje. Su presencia invita a detenernos, a escucharnos como sociedad y a preguntarnos qué humanidad queremos construir.
No será solo una visita, sino un llamado a renovar valores que han sido siempre parte de nuestra identidad como país.
Dios los bendiga y que tengan una Buena semana, no olvides que Cristo es nuestra paz.
Pbro. Fernando Pereira Chaparro
Cura párroco de la Parroquia “Santa Teresita”.
