Pablo Melgar
Vivimos en una época curiosa: nunca circuló tanta información y, sin embargo, pocas veces las ideas estuvieron tan desdibujadas. En ese mar de datos, opiniones y consignas superpuestas, el sistema político sigue recurriendo a un viejo recurso de simplificación: los atajos ideológicos. Etiquetas que permiten anticipar conductas, promesas implícitas y, sobre todo, expectativas.
Funciona así: si gobierna la izquierda, se supone que habrá mayor sensibilidad social; si gobierna la derecha, más celo fiscal; si se trata de un partido tradicional, prudencia; si es una fuerza progresista, redistribución. No siempre se cumple, pero el atajo persiste porque ordena el debate público y da tranquilidad —o alarma— a distintos actores.
Lavalleja acaba de ingresar en un terreno inédito. El Frente Amplio ganó la Intendencia y lo hizo representando, dentro del espectro competitivo departamental, la opción más claramente ubicada a la izquierda. Esa sola definición activa, de forma automática, una expectativa concreta: una política más favorable a los trabajadores municipales.
El primer gran examen será el presupuesto. Un documento central, casi fundacional, que hasta ahora nadie ha visto. Y en política, cuando no hay números, empiezan las conjeturas. Por eso conviene hablar en plata.
Los antecedentes están sobre la mesa. Durante la última gestión de Adriana Peña, los funcionarios municipales recibieron un aumento del 2% por encima de la inflación. En el período de Mario García, el ajuste fue del 1% más inflación. No se trata de juicios de valor, sino de datos objetivos que fijan un piso comparativo.
La pregunta es inevitable: ¿cuánto será el aumento salarial que otorgará la izquierda en su primer gobierno en Lavalleja? ¿Confirmará el atajo ideológico que la precede o lo desmentirá? Porque si empezara a circular —como ya se murmura— la hipótesis de un 0% real, es decir, solo ajuste por inflación, el contraste sería tan fuerte como incómodo.
No sería apenas un número. Sería un mensaje político. Hacia los trabajadores, hacia la interna del Frente Amplio y hacia un electorado que, al votar, también compra relatos, símbolos y promesas tácitas. En tiempos de sobreinformación, donde todos sabemos un poco de todo, esas señales pesan más de lo que parece.
Los atajos ideológicos pueden ser injustos, simplificadores o directamente erróneos. Pero siguen ahí, estructurando expectativas. Y cuando se llega al gobierno, ignorarlos tiene un costo. El presupuesto de Lavalleja no solo dirá cómo se gastará el dinero público. Dirá, sobre todo, qué tan cierto era el atajo que muchos dieron por válido.
Ni que tal vez
Dicen por ahí. Radio Pasillo, la emisora más potente de la comuna, informó que viene complicada la mano con la delineación del presupuesto quinquenal. Hay caramelos surtidos: problemas con la redacción, falta de conocimiento, falta de planes, pocas ideas y mucha presión. “Hace seis meses te pedí el plan de…”. Se enojó y le dan la razón, pero el asunto no se resuelve ni a cañonazos.
Dicen por ahí. El hombre está preocupado, los quiere ver a todos en movimiento y no le dan mucha bolilla. “Por lo menos cumplan el horario de atención al público”, les exigió mientras apretaba la edición del día de Serrano. “El mejor día para trabajar es el sábado de mañana, no suenan los teléfonos de las oficinas y no viene gente a los mostradores”.
